Wednesday, February 11, 2026
28.8 C
Santo Domingo

¡Qué Jejevi! Descubren que el Tacto Humano tiene un ‘Sentido Oculto’ de pura cepa

¡Klk, mi gente bacana! Aquí su periodista de cabecera, trayéndoles una vaina que está de lo más chula y que, de verdad, nos deja con la boca abierta. Desde que estamos chiquitos, nos enseñan que tenemos cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Pero ¡pa’ que tú veas! la ciencia nos viene a decir que, asegún un estudio recién presentado, nuestro cuerpo es mucho más bacano de lo que pensábamos, con un potencial para un Sentido Oculto que nos permite detectar cosas sin ni siquiera rozarlas. ¡Una chercha, verdad?

Imagínense esto: Ustedes meten la mano en un balde de arena, buscando una moneda o un juguete que se les perdió, y de repente, antes de tocarlo, ¡pum!, saben dónde está. ¿A cuántos de ustedes les ha pasado una vaina similar, un presentimiento, una corazonada? Pues miren, por mucho tiempo, a esas sensaciones raras se les ha echado la culpa a la intuición o a la simple coincidencia. Pero ahora, un estudio científico serio de la Queen Mary University of London y University College London, nos está dando una explicación con base y números. No es brujería, es ciencia pura, de esa que te hace pensar que el cuerpo humano es una máquina increíblemente sofisticada.

El tacto, para nosotros, siempre ha sido sinónimo de contacto directo, de sentir la presión del dedo contra la superficie o la textura de algo al pasarlo. Sin embargo, este nuevo descubrimiento nos empuja a redefinir esa idea. Los investigadores sugieren que los humanos podemos detectar objetos enterrados, sin siquiera tocarlos, gracias a una forma de sensibilidad táctil que opera a muy corta distancia. No es que nos haya salido un sentido nuevo de una vez, como un apéndice extra, sino que el sentido del tacto que ya conocemos es mucho más jejevi y tiene unos límites que ni imaginábamos.

Pensemos en un escenario de película: arqueólogos buscando tesoros perdidos bajo tierra, o equipos de rescate tratando de encontrar sobrevivientes bajo escombros después de un desastre natural. Ahí la vista no sirve de mucho y, hasta ahora, el tacto directo era la única opción. Pero el material granular, como la arena, se comporta de una manera muy particular, no es un sólido ni un líquido convencional. Las fuerzas se transmiten de forma irregular, y ahí es donde la mano humana, de pura cepa, demuestra su poderío.

El estudio partió de una pregunta clave: ¿hasta dónde puede “anticiparse” el tacto humano en estos ambientes? Es que en robótica y neurociencia, la verdad es que se sabía poco de esta capacidad. Los científicos querían cuantificar qué tan lejos y con qué sensibilidad podemos detectar un objeto bajo la arena usando solo la yema del dedo. Esto va más allá de la simple curiosidad, tiene implicaciones directas en el desarrollo de tecnologías para la exploración planetaria, la arqueología y las operaciones de rescate, donde excavar a ciegas puede ser una vaina muy peligrosa y destructiva.

Antes de meter a los humanos en el experimento, los científicos le echaron un ojo a la naturaleza. Resulta que algunas aves playeras, como los correlimos, ya tienen este truquito dominado. Ellas localizan sus presas ocultas bajo la arena sin verlas ni tocarlas directamente, detectando pequeñas perturbaciones mecánicas en los granos cuando hay algo sólido cerca. La hipótesis de los investigadores fue que quizás los humanos, aunque no tengamos picos de aves, podríamos compartir este principio físico. Que nuestras manos son mucho más sensibles de lo que pensábamos a los cambios de resistencia en el material granular.

Entonces, se armó el experimento. Doce participantes fueron reclutados para meter el dedo índice en una caja llena de arena seca. Tenían que mover el dedo despacio, siguiendo una trayectoria marcada por luces LED. En algunos intentos, había un cubo enterrado; en otros, no. La instrucción era clara: detener el movimiento tan pronto como sintieran la presencia de un objeto, ¡antes de tocarlo! Se controló todo: que no hubiera pistas visuales, la velocidad del movimiento, todo un tigueraje para que los resultados fueran creíbles.

Y ¡sorpresa! Los resultados fueron notables. La gente pudo anticipar la presencia del cubo con una precisión bacana. A una distancia de 6.9 centímetros, los participantes lograron una precisión del 70.7%. Es decir, casi 7 de cada 10 veces, lo adivinaban sin tocar. Este dato es una locura, porque se acerca al límite teórico que predicen los modelos físicos de cómo interactúa el dedo con la arena. O sea, nuestro sistema táctil está operando casi al máximo de lo que las leyes de la física permiten. ¡Mucho con demasiado!

Pero, ¿qué es lo que pasa de verdad en la mano para que esto sea posible? Los autores no se pusieron con cuentos ni con vainas raras. Explicaron que, al mover el dedo por la arena, se genera una zona de desplazamiento delante de él. Si hay un objeto enterrado en esa zona, la arena reacciona diferente: cambia la resistencia y la dirección de las fuerzas que llegan a la piel. El cerebro humano, que es un procesador de datos de pura cepa, interpreta patrones de presión tan sutiles que funcionan como una señal de advertencia anticipatoria.

Para tener una comparación, los investigadores también montaron un robot con un brazo y un sensor táctil que imitaba un dedo humano. El robot utilizaba algoritmos de aprendizaje automático para interpretar las señales. Los resultados fueron interesantes: el robot también podía detectar objetos a distancias similares, incluso un poquito más lejos, pero ¡ojo!, cometía muchísimos más errores. Mientras los humanos tuvieron un 70.7% de precisión, el robot se quedó en un 40%, dando un viaje de falsos positivos.

Esta comparación nos enseña una lección importante: no todo es la sensibilidad bruta. El cerebro humano es mucho más eficiente para distinguir entre una señal real y el “ruido” de fondo que genera la arena. El robot, con toda su tecnología, se dejaba engañar y creía ver objetos donde no los había, lo que limita mucho su uso práctico fuera del laboratorio. Esto demuestra que la inteligencia natural de nuestra maquinaria cerebral sigue siendo difícil de replicar, ¡está de lo más bien hecha!

Ahora, hablar de un “séptimo sentido” suena jevi y hasta medio misterioso, como de película de ciencia ficción. Pero los propios científicos, de manera muy profesional, aclaran que no están proponiendo añadir un sentido nuevo a la lista clásica. Lo que están haciendo es expandir el alcance de uno que ya conocemos. Aunque popularmente hablamos de cinco sentidos, la ciencia reconoce muchos más, como la propiocepción (saber dónde está nuestro cuerpo en el espacio) o la nocicepción (el sentido del dolor). Este hallazgo no añade uno nuevo, sino que amplía los límites de cómo funciona el tacto humano: no solo registra el contacto directo, sino que puede anticiparse a él cuando las condiciones físicas lo permiten.

Las aplicaciones prácticas de este estudio son sugerentes, pero siempre hay que cogerlo con calma. Para la robótica, estos datos son un viaje de información útil para diseñar sensores táctiles más avanzados, sobre todo en ambientes donde la visión no sirve, como en la arena o los escombros. Sin embargo, ya vimos que replicar la eficacia humana no es tan fácil. También se ha hablado del potencial para herramientas de asistencia, por ejemplo, para personas con discapacidad visual, lo cual sería una vaina muy chula. Pero, de nuevo, estas aplicaciones todavía están en el aire, son hipotéticas. El estudio se hizo en un ambiente muy controlado, con movimientos lentos y repetitivos, así que cualquier extrapolación a la vida real necesita mucho más estudio y pruebas en diferentes contextos.

Desde el punto de vista científico, este trabajo abre un viaje de preguntas interesantes. El experimento se hizo con solo 12 participantes jóvenes, lo cual es suficiente para el efecto que buscaban, pero no para generalizar a toda la población. Queda por saber si esta capacidad varía mucho entre personas, si mejora con la práctica, si la edad influye, o si funciona igual de bien con otros materiales que no sean arena seca. Pero aun con esas limitaciones, esta investigación tiene un valor inmenso: nos obliga a cambiar la idea de que el tacto solo empieza cuando hay contacto. Nos demuestra que, en ciertos entornos, nuestro sistema táctil puede anticipar el contacto con una precisión impresionante, en esa zona fronteriza entre sentir y tocar que, hasta ahora, ni nos habíamos imaginado.

Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

¿Tú que opinas? Cuéntalo aquí:

Hot this week

Un Futuro Bacano: Impulsando la Vida Independiente para Personas con Discapacidad

¡Klk, mi gente! Nos llegó una noticia que, honestamente,...

¡Qué Chulo! Indotel y Iglobal Impulsan la Transformación Digital con 200 Becas para la Juventud Dominicana

¡Atención, mi gente! Nos llega una noticia que está...

¡Waw! Zonas Francas de RD Reciben una ‘Vaina’ de Inversión Millonaria

¡Klk, gente! La economía dominicana sigue dándole pa'lante y...

Turismo Dominicano: ¡De Récord y Sigue Echando Pa’lante!

¡Klk, gente! Aquí estamos de nuevo, trayéndoles los datos...

¡Qué Vaina! La Lucha de las ARS con los Paneles Respiratorios

¡Mi gente! Se ha armado un lío serio, y...

Temas

Un Futuro Bacano: Impulsando la Vida Independiente para Personas con Discapacidad

¡Klk, mi gente! Nos llegó una noticia que, honestamente,...

¡Waw! Zonas Francas de RD Reciben una ‘Vaina’ de Inversión Millonaria

¡Klk, gente! La economía dominicana sigue dándole pa'lante y...

Turismo Dominicano: ¡De Récord y Sigue Echando Pa’lante!

¡Klk, gente! Aquí estamos de nuevo, trayéndoles los datos...

¡Qué Vaina! La Lucha de las ARS con los Paneles Respiratorios

¡Mi gente! Se ha armado un lío serio, y...

¡El Malecón Deportivo y el Paseo 30 de Mayo están bacanos!

¡Klk mi gente! Andamos de este lado con una...
spot_img

Related Articles

Categorias Populares

spot_imgspot_img