En la dinámica económica de nuestro país, donde el día a día nos pone a resolver mil vainas, una práctica que se ha vuelto más común que el sancocho de los domingos es la de pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, coger un préstamo ‘rápido’ desde el celular o tirar de alguna aplicación para cubrir los gastos del mes. Aunque estas opciones parecen un alivio de una vez, como un aire acondicionado en pleno agosto, la verdad es que están alimentando un fenómeno que avanza calladito, sin mucho bulto, pero que nos tiene a muchos apretaos sin darnos cuenta: el **sobreendeudamiento silencioso**.
Este es un tema que, aunque no suena la alarma de golpe, va carcomiendo las finanzas personales y comprometiendo la estabilidad económica de la gente a mediano y largo plazo. Como bien lo explica Juana Peralta, una asesora fiscal y financiera que le sabe a esto, el **sobreendeudeamiento silencioso** es \”la suma de múltiples deudas pequeñas que parecen manejables, pero que en conjunto superan la capacidad real de pago\”. Imagínate que cada peso que entra se va de una vez a tapar un hoyo viejo, sin dejar espacio para respirar o para un gustico.
El asunto es que la gente sigue cumpliendo sus pagos, se la juega refinanciando deudas o metiéndose en nuevos créditos para cubrir los viejos, sin percatarse de que el peso acumulado ya le está haciendo guayar la yuca de verdad. Esto no es un coro de ahora. La verdad es que las tarjetas de crédito y los préstamos rápidos han sido un motor importante en la economía dominicana, ofreciendo acceso a financiamiento a un viaje de gente que antes no lo tenía. Pero, ¿a qué costo?
Asegún el informe de Desempeño en la Cartera de Tarjetas de Crédito de la Superintendencia de Bancos (SIB), a junio de 2025, la cartera total de tarjetas de crédito personales alcanzó los RD$122,142 millones. ¡Eso es un disparate! Con un crecimiento interanual de 16.2%, aunque fue menor que el 25.6% del año anterior, este ritmo sigue por encima del promedio de otras carteras crediticias. Esto consolida a las tarjetas de crédito como uno de los productos más dinámicos y, seamos claros, más recurridos de nuestro sistema financiero.
El peso de las tarjetas dentro de la cartera total se puso en 5.4% en 2025, por encima del promedio histórico de 4.7%. Y, klk, esto no solo significa que más gente tiene acceso a crédito, que está de lo más bien en términos de inclusión financiera, sino que hay una dependencia creciente de este para cubrir los gastos corrientes, lo que ya no está tan chulo. Parece que para muchos, la tarjeta no es un lujo, sino una necesidad para llegar a fin de mes.
En cuanto al tigueraje del mercado, cuatro entidades son las que se llevan la mejor parte del pastel en saldo de tarjetas: Banco Popular, Banreservas, Banco BHD y la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos (APAP). Estas cuatro juntas concentran el 70.5% del saldo total de la cartera, con unos números que dan mareo: RD$33,121 millones, RD$24,989 millones, RD$19,388 millones y RD$8,570 millones, respectivamente. Son los duros del barrio, mi gente.
Pero, ojo, hay otras entidades más pequeñas o especializadas que tienen los niveles de exposición al riesgo más altos. Por ejemplo, Qik Banco Digital tiene el 43.7% de su cartera total en tarjetas de crédito, seguido por Vimenca con 13.5% y Promerica con 10.6%. Esto las deja más vulnerables si la gente deja de pagar, una vaina que puede darle un dolor de cabeza a cualquiera. El documento de la SIB también detalla que el sistema financiero registró 2.04 millones de tarjetahabientes a junio de 2025, lo que representa un aumento de 7.5% interanual, o sea, 142,817 nuevos usuarios. Un viaje de gente se está montando en esta guagua del crédito.
Ahora, ¿cuáles son los riesgos más grandes? Asegún Juana Peralta, los préstamos rápidos y las aplicaciones financieras son los más peligrosos por sus tasas de interés altísimas, cargos adicionales y esa facilidad que te los pone de bandeja. Después le sigue el uso inadecuado de las tarjetas para gastos del día a día. Ella enfatiza que factores como el costo de la vida que no para de subir, la inflación que nos tiene juyendo, la inestabilidad de los ingresos y la falta de planificación financiera están empujando a más gente a endeudarse sin una estrategia clara. Es una situación que nos pone a todos a pensar.
La asesora advierte que el problema se vuelve estructural cuando entre el 30% y el 40% del ingreso mensual se va en deudas no productivas, o cuando se toman nuevos créditos para saldar los viejos. Y los más afectados son los jóvenes, los trabajadores informales y los emprendedores, que suelen tener ingresos variables y menos experiencia en cómo manejar su chercha financiera. Esta vaina es seria.
Pero el impacto va más allá de los números, mi gente. Endeudarse sin control genera un estrés financiero de lo más feo, ansiedad, líos familiares y una sensación constante de inseguridad. Al mismo tiempo, nos deja sin ahorro, limita la inversión y debilita el consumo sostenible. Peralta lo puso claro: \”A nivel macroeconómico, una población que vive pagando deudas se vuelve más vulnerable ante cualquier choque económico\”. Es como vivir en una casa de cartón, cualquier ventolera te tumba.
Frente a este escenario, la especialista nos da unos consejos bacanos: hay que tener claridad sobre la situación financiera personal, priorizar las deudas con los intereses más altos, evitar nuevos créditos sin pensar bien las cosas, separar las finanzas personales de las del negocio (si aplica) y, fundamental, fortalecer la educación financiera. Son medidas clave para frenar un fenómeno que, aunque silencioso, avanza con fuerza en la vida económica de nuestros hogares.
Por su lado, Emilia Taveras, otra educadora financiera que le echa cabeza a esto, identifica errores comunes en el uso de las apps de préstamos. La gente solo mira la cuota mensual y no el costo total de la deuda, usa un préstamo para pagar otro sin analizar los intereses, o ignora comisiones y plazos que terminan asfixiando el presupuesto. Pero el error más profundo, según ella, es no preguntarnos el porqué: \”No preguntarnos por qué necesitamos ese préstamo en primer lugar\”, ¡y eso es oro puro!
El componente emocional juega un papel heavy en todo esto. La ansiedad, el estrés o el miedo a no \”llegar a fin de mes\” nos pueden llevar a tomar decisiones apuradas. \”Cuando estamos ansiosos, el cerebro busca una salida rápida, no soluciones sostenibles. El crédito se siente como oxígeno\”, afirmó Taveras. En ese estado de supervivencia, no se piensa con claridad, lo que facilita que uno caiga de nuevo en el mismo coro de endeudamiento.
Además, Taveras advierte que el acceso masivo al financiamiento ha normalizado vivir endeudado. \”Antes la deuda era una señal de alerta; hoy se percibe como parte del sistema\”, dijo. Esa normalización nos quita la capacidad de cuestionar prácticas que limitan nuestra libertad financiera y nuestra tranquilidad personal. Es hora de romper con ese patrón, mi gente, y coger las riendas de nuestras finanzas para que el sobreendeudamiento silencioso no nos siga apretando la soga al cuello.
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