¡Atención, mi gente! La justicia dominicana está dando pasos de verdad, y la Ciudad Judicial SDE es la prueba más fehaciente de ello. Ayer, el complejo judicial de Santo Domingo Este, esa vaina que tanto necesitábamos, quedó habilitado por completo, operando a toda máquina. Esto no es poca cosa, ¡eh! Con la entrada en funcionamiento de la jurisdicción para Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) y el Juzgado de Paz de la Primera Circunscripción, esta infraestructura se consolida de una vez por todas como la más grande y moderna del país, prometiendo dignificar los servicios judiciales y, por ende, la vida de un viaje de dominicanos.
Imagínense ustedes la importancia de esto para una provincia como Santo Domingo Este, que tiene una población que no le envidia a ninguna otra y donde la demanda de servicios judiciales es constante. Antes, para resolver ciertos asuntos legales, la gente tenía que hacer un coro para moverse al Distrito Nacional, aguantando tapones y perdiendo un tiempo valioso. Ahora, tener una Ciudad Judicial completa, con todos los hierros, significa menos trajín, mayor accesibilidad y, lo más chulo de todo, un servicio de justicia más eficiente y cercano al ciudadano. Esto es echar pa’lante de verdad, y está de lo más bien.
Pero la cosa no se quedó ahí, mi hermano. La jornada de ayer también marcó el inicio de los Encuentros Regionales 2026, un espacio bacano para el diálogo con los distintos sectores de la sociedad. ¿Cuál es el objetivo? Pues simple: comunicar, reconocer y consolidar alianzas estratégicas en cada rincón del país, y así fortalecer la legitimidad y el respaldo nacional al Plan Justicia del Futuro 2034. Esto es como cuando uno se sienta en la marquesina a hablar con los vecinos para ver cómo se resuelven los problemas del barrio; pero a nivel nacional. El juez presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Henry Molina, dejó claro que la justicia no es solo un asunto de jueces y abogados, sino “la columna que sostiene la democracia, la paz social, la estabilidad y la seguridad jurídica que permite invertir, emprender y convivir”. ¡Más claro de ahí ni el agua del río!
El Plan Justicia del Futuro 2034 no es un papel cualquiera guardado en una gaveta, no. Según Molina, es una estrategia que traza una hoja de ruta a diez años, y su implementación tiene que nacer de la realidad local. O sea, no es una vaina impuesta, sino construida desde abajo, en un coro activo con legisladores, autoridades municipales, empresarios y líderes comunitarios. Esto es clave, porque si la gente no se siente parte de la solución, es más difícil que el proyecto eche raíces y crezca fuerte. La idea es que cada provincia se ponga las pilas y aporte su granito de arena para que este plan sea un éxito rotundo para el país.
Hablando de modernidad, el magistrado Molina también le dio luz a los avances en la transformación digital del sistema judicial, que está cogiendo un viaje de fuerza. En materias como Civil, Inmobiliaria, Laboral y Contencioso-administrativo, el 73% de los trámites en el Distrito Nacional ya son digitales. ¡Eso es jevi! A nivel nacional, el promedio general ya alcanza un 56%, lo que significa un avance significativo en la eficiencia y la transparencia. ¡Olvídate de las filas eternas y los papeles por doquier! Ahora uno puede hacer sus diligencias desde la casa o la oficina, una comodidad que antes solo veíamos en las películas.
Sin embargo, no todo es color de rosa, mi gente. La transformación digital, aunque va viento en popa, tiene sus desafíos, especialmente en el ámbito penal. Molina reconoció que en esta materia solo el 27% de los trámites están digitalizados. ¿Y por qué esta diferencia? Principalmente por la necesidad de fortalecer la interoperabilidad entre el Ministerio Público y la Defensa Pública. Es como si el carro tuviera dos ruedas que no están sincronizadas; hay que meterle mano a esa vaina para que camine parejo. Esto es vital para garantizar un debido proceso ágil y justo, donde la tecnología sea un aliado y no un obstáculo.
La consolidación de la Ciudad Judicial SDE, junto con el impulso de la digitalización y el diálogo regional, son señales claras de que la justicia dominicana se está poniendo los pantalones. Ya no es el mismo tigueraje de antes; ahora hay una visión clara y un compromiso real con la modernización y la accesibilidad. Estas iniciativas no solo buscan mejorar la infraestructura y los procesos, sino también restaurar la confianza del pueblo en sus instituciones, un pilar fundamental para cualquier sociedad que quiera avanzar y progresar de verdad.
En resumen, lo que se está cocinando en la justicia dominicana es algo de admirar. Desde la operación plena de la Ciudad Judicial SDE hasta la ambiciosa hoja de ruta del Plan Justicia del Futuro 2034, todo apunta a una transformación profunda y positiva. Se está construyendo una justicia más fuerte, más transparente y más cercana a la gente, y eso, señores, es una vaina que nos beneficia a todos. ¡A seguir echando pa’lante con esta iniciativa que está para quedarse y dar buenos frutos!
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