¡Atención, fanaticada del béisbol en la República Dominicana! Prepárense para una vaina que nos tiene a todos con la boca abierta y el corazón en un puño. Los Yankees de Nueva York, sí, los Mismísimos Bombarderos del Bronx, están metidos en una Sequía de los Yankees que da calambre. ¿Se imaginan casi una década sin que uno de sus peloteros celebre un título de peso? Ni Serie Mundial, ni Serie del Caribe, ni un Clásico Mundial, ni siquiera un campeonato de LIDOM estando activo hasta el final. ¡Una locura, klk!
Desde que el relevista David Robertson, quien por ese entonces tiraba fuego para los Yanquis, se coronó campeón con Estados Unidos en el Clásico Mundial de Béisbol de 2017, la nevera está más fría que el Polo Norte para los jugadores vinculados a la organización. Nadie ha vuelto a destapar champaña, a hacer un coro jevi por una victoria de esa magnitud. Es una racha que duele en el alma del fanático, sobre todo del dominicano, que se faja por su pelota y sabe lo que significa el aroma de la victoria.
Y es que no estamos hablando de cualquier equipo, señores. Los Yankees son la franquicia más emblemática del béisbol, dueños de un viaje de Series Mundiales y con una historia de leyendas que da para escribir enciclopedias. Verlos en esta situación, con sus jugadores sin poder “coger lo suyo” en escenarios importantes, es algo que choca de frente con la grandeza que siempre los ha caracterizado. ¿Cómo es posible que los uniformes a rayas no estén en el centro de la celebración? ¿Qué está pasando con el tigueraje del Bronx?
La sequía, asegún los datos, abarca los torneos de mayor relevancia para nuestro béisbol caribeño y latinoamericano. Estamos hablando de la LIDOM, nuestra liga amada; la Liga Venezolana, la Mexicana del Pacífico, y por supuesto, la prestigiosa Serie del Caribe, además de la cúspide de todo: las Series Mundiales de Grandes Ligas. Es una lista larga de competiciones donde los jugadores de los Yankees han estado ausentes en el podio final, o simplemente no han podido celebrar como campeones activos. Esto es algo que no está de lo más bien, eso lo sabemos todos aquí en el patio.
Aquel Clásico Mundial de 2017, donde Robertson levantó el trofeo, fue sin saberlo el inicio de esta “vaina”. Han pasado años de intentos fallidos, de oportunidades que se quedaron en el aire, de sueños que no se materializaron en una alegría palpable para el roster de los Yankees. Es una carga pesada para los peloteros que visten ese uniforme tan icónico, y para los millones de fanáticos que esperan, con una fe inquebrantable, que se rompa esta mala racha de una vez y por todas.
Hemos visto casos de peloteros que se acercaron, que estuvieron al borde de la gloria, pero al final la vaina no se les dio. Por ejemplo, Gleyber Torres se puso el uniforme de los Leones del Caracas en la temporada 2022-23 en Venezuela. El equipo se coronó campeón, sí, pero Gleyber se ausentó antes de la fase final, o sea, no estuvo en la Serie Final para echar una mano. Es como ir a un coro y no poder bailar el merengue al final, ¿ustedes me entienden? La presencia parcial, pero la ausencia en el momento decisivo, parece ser el karma de estos muchachos.
Lo mismo pasó con nuestros lanzadores Deivi García y Albert Abreu. Ambos han tenido sus participaciones intermitentes con los Tigres del Licey, ¡nuestro glorioso Licey!, que se coronó campeón en las campañas 2022-23 y 2023-24. Pero, ¿adivinen qué? No estuvieron presentes en las Series Finales. Jasson Domínguez, nuestro “Marciano”, también vio acción con los Leones del Escogido, pero se fue antes del Round Robin. En todos estos casos, es la misma historia: llegaron, aportaron, pero se fueron antes de poder celebrar el campeonato. ¡Qué chercha con esta situación!
Existe un caso particular, medio raro, que vale la pena mencionar. Néstor Cortés, el “Cuban Missile”, reforzó a las Estrellas Orientales durante las finales de la temporada 2018-19 de la LIDOM y fue parte del equipo campeón. ¡Bacano! Pero aquí viene el detalle: ese mismo año fue transferido de los Orioles de Baltimore a los Yankees. O sea, ganó un campeonato invernal, está bien, pero aún no se había consolidado como un jugador activo de los Yankees cuando celebró ese título. Es un tecnicismo, sí, pero bajo la lupa estricta de esta sequía, no cuenta como un jugador de los Yankees celebrando un campeonato importante mientras porta ese uniforme a rayas.
La presión está que pica, como ají picante, para los jugadores actuales. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y ya se ve una luz al final del túnel. En la próxima edición del Clásico Mundial, varios peloteros del roster de los Yankees tendrán la oportunidad de romper con esta mala racha. Austin Wells, nuestro receptor que representará a la República Dominicana; el cerrador Camilo Doval, otro criollo que tira fuego; y el capitán Aaron Judge, MVP y líder de la selección de Estados Unidos, podrían llegar al Spring Training como campeones. ¡Imagínense ese coro! Sería un respiro para la franquicia y una alegría inmensa para el fanático.
Antes de Robertson, tuvimos un antecedente dominicano que nos llenó de orgullo. Robinson Canó, campeón de la Serie Mundial con los Yankees en 2009, lideró a la República Dominicana al título del Clásico Mundial 2013. Ese fue su último gran logro antes de que la vaina cambiara y firmara con los Marineros. Un campeón yankee liderando a nuestro país al campeonato mundial. ¡Eso sí fue un palo, una demostración de lo que somos capaces! Es un buen momento para recordar esos tiempos y esperar que la historia se repita con la nueva generación.
Así que, mi gente, el béisbol es impredecible, pero lo que sí es cierto es que los fanáticos de los Yankees en el patio estamos enfocao’ en que esta vaina se rompa. Es hora de que los jugadores de El Bronx vuelvan a sentir la algarabía de la victoria, de que el “coro” se arme con un trofeo en alto. ¡Ya es tiempo de que los palos y los batazos se conviertan en celebraciones de verdad! La espera ha sido larga, pero la fe sigue viva.
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