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La Misma Vaina: Contratos Millonarios de Nutrición Siguen en el SNS

¡Ay, mi gente! Cuando uno escucha que hay un cambio de director en una institución tan clave como el Servicio Nacional de Salud (SNS), uno siempre se hace la ilusión de que vienen aires nuevos, que se va a hacer una “limpia” de esas que tanto necesitamos. Pero, ¿saben qué? Aquí en nuestro querido patio, parece que hay vainas que son más tercas que una mula. Y es que con la llegada de Julio César Landrón a la dirección del SNS, lo que la gente esperaba era una revisión profunda, una pausa para ver bien dónde se estaba metiendo la pata. Sin embargo, la realidad nos ha dado un buen batazo: la jugada parece seguir igualita, como si aquí no hubiera pasado nada.

La noticia, que ha puesto a muchos con los pelos de punta, es que el nuevo director, Landrón, ha dado continuidad a los procesos de licitación que venía manejando su antecesor, Mario Lama. Y no solo eso, ¡sino que ha favorecido nuevamente a las mismas empresas de siempre! Hablamos de Macrotech Farmacéutica y Hospifar, que se han agenciado unos nuevos contratos millonarios que superan, ¡agárrense!, los mil millones de pesos. Eso es un viaje de cuarto, mi hermano. ¿Se acuerdan del “cambió el director, no el modelo”? Pues, ahí lo tienen, clarito como el agua del río Ozama en un día soleado.

Imagínense el cuadro: el 23 de enero de 2026, el doctor Landrón firma la adjudicación para el programa de suministro de nutrición oral, enteral y parenteral. Y lo chulo del caso es que esto ocurre apenas unos días después de que el sonado “caso Senasa” explotara en el debate público, poniendo en jaque justamente los esquemas de contratación en el área de nutrición clínica. ¿Coincidencia? ¡Qué va! Aquí en la República Dominicana, ya estamos curados de espantos con esas “coincidencias”.

Para que tengan una idea de la magnitud del bacano: El Lote 1, un buen pedazo de la torta, se lo llevó otra vez Macrotech Farmacéutica, de Guillermo Sención, por la suma jevi de 756 millones de pesos. Y el Lote 2, para no quedarse atrás, fue a parar a manos de Hospifar, SRL, con 313,502,400.00 pesos. Sumando y restando, estamos hablando de un total que pasa los mil sesenta y nueve millones de pesos en un solo procedimiento. ¡Un solo procedimiento, gente! Eso es mucha chercha con los fondos públicos.

Pero es que esta vaina no es nueva. Esto viene de lejos, mi gente. Desde finales de 2020, la nutrición clínica dejó de ser un simple renglón en el presupuesto de los hospitales para convertirse en un plato fuerte del gasto público. Y desde entonces, la modalidad preferida para estas contrataciones ha sido la famosa “excepción por exclusividad”. Asegún la ley, esto debería ser un recurso extraordinario, algo que se usa solo en casos puntuales. Pero en la práctica, se ha vuelto la regla, la vía normal para manejar este programa. Y eso, klk, eso no está de lo más bien.

El informe técnico que sustenta este último proceso, fechado el 24 de noviembre de 2025, no habla de una simple compra de productos. No, no, no. Esto es un “servicio integral”. Imagínense, incluye desde la mezcla personalizada de nutrición, la logística diaria, la provisión de insumos, soporte técnico 24/7 y hasta el equipamiento médico. Es una infraestructura completa, casi un hospital dentro de otro.

Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo, como decimos en el campo. El pliego no solo pide fórmulas nutricionales; exige una infraestructura instalada brutal. Entre los requisitos, por ejemplo, está tener disponibles 900 bombas de infusión. ¡Novecientos! Eso es un palo de agua para cualquier empresa que no tenga ya esa capacidad. Así es como se “define el umbral de entrada”, como dicen los que saben. En buen dominicano, eso significa que no cualquier proveedor, por más que quiera o que sea bueno, puede cumplir con esas condiciones. Esto, señores, deja a los “tigueres” de siempre en el juego, y a los demás, mirando desde la banca.

El catálogo técnico es tan especializado y amplio que, en efecto, solo empresas con capacidad de producción estéril, áreas blancas certificadas y una logística hospitalaria a nivel nacional pueden siquiera soñar con operar un sistema tan complejo. Es como si el traje estuviera hecho a la medida para unos pocos privilegiados, garantizándoles el monopolio de un servicio tan vital para la salud de nuestro pueblo. Y claro, con la adjudicación de enero de 2026, el nuevo director del SNS, Landrón, simplemente le dio play al mismo esquema, manteniendo intacta la arquitectura técnica y contractual que ha consolidado a Macrotech y Hospifar como los reyes de este renglón.

No hubo ruptura estructural, ni una revisión a fondo, ni un anuncio de evaluación integral, mucho menos un debate público sobre los resultados acumulados de este modelo. Lo que hubo fue una continuidad descarada. Como si la gente no estuviera pidiendo a gritos más transparencia y menos busconería con los recursos de la salud. La firma del nuevo director no trajo consigo un cambio de rumbo; simplemente, el programa siguió su curso bajo la misma fórmula de contratación, que, según todos los indicios, beneficia siempre a los mismos.

Y ahí, mi gente, es donde comienza la verdadera discusión, la vaina del asunto. No se trata de cuestionar si el servicio de nutrición es necesario, ¡claro que lo es! Es fundamental para la recuperación de un montón de pacientes. Lo que estamos preguntando es por el mecanismo. ¿Cómo es posible que un esquema que ha comprometido miles de millones de pesos de nuestro presupuesto durante cinco años consecutivos no se someta a una revisión estructural seria? ¿Por qué no se explora una licitación abierta, una de verdad, que permita ver si el mercado ofrece condiciones distintas, más eficientes, más económicas para el Estado?

Cuando una “excepción” se usa año tras año, deja de ser una excepción y se convierte en la regla, en el modus operandi. Y cuando esa regla sobrevive intacta a los cambios de dirección, entonces el debate no es sobre quién está sentado en la silla, sino sobre el sistema entero que lo permite. Es como cambiar la guagua, pero dejar el mismo motor dañado. En el SNS, cambió el director, sí. Pero la vaina, el modelo, la estructura de contratación, siguió exactamente igual. Y eso, mi gente, es una burla a la inteligencia de los dominicanos que con tanto sacrificio aportamos al erario público. ¡A buen entendedor, pocas palabras bastan!

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