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Democracia dominicana: ¡Un coro con mujeres y jóvenes!

¡Klk, gente! Desde Madagascar, una noticia que nos pone a pensar en la vaina de la política y el futuro de nuestra República Dominicana. La diputada Namibia Angola Didiez, nuestra representante ante el Parlamento Centroamericano (PARLACEN), soltó de una vez una verdad que es más clara que el agua: la participación de las mujeres, la juventud y esos sectores que siempre han estado como a un lado, no es un capricho, sino la médula, el hueso, para que la democracia dominicana y la de cualquier nación progrese de verdad, bacano.

Ella, en un panel bien chulo sobre “Inclusión y participación ciudadana en la reconstrucción política post-crisis”, dejó saber que esa gente es la que tiene la clave para que nuestras instituciones se fortalezcan, para que haya estabilidad y para que el tigueraje político se enfoque en la reconciliación. ¿Ustedes se imaginan? Mujeres y jóvenes, ¡esa es la chercha que necesitamos para echar pa’lante!

El PARLACEN, para los que no están muy claros, es como un foro regional donde los países de Centroamérica y República Dominicana se juntan a discutir y buscar soluciones a problemas comunes. Es un espacio importantísimo para coordinar políticas y asegurar que los intereses de la región se defiendan, y nuestra diputada está ahí, metiendo mano por los nuestros. Su presencia en Madagascar en un evento de esa magnitud ya nos dice mucho del nivel de compromiso y la visión de Namibia Angola Didiez. ¡No es poca cosa esa vaina!

Por décadas, aquí y en el mundo, la política era como un coro de puros hombres, ¿verdad? Uno veía más tigueres que tigueras en esos puestos de toma de decisiones. Pero ya esa película tiene que cambiar, y de hecho, está cambiando, aunque un chin más lento de lo que uno quisiera. La historia nos ha enseñado que cuando las mujeres se meten en el ruedo político, la perspectiva cambia, se añaden temas que antes no se veían y la agenda social se enriquece de una forma que está de lo más bien.

Pensemos en figuras como Salomé Ureña, que luchó por la educación femenina en tiempos difíciles, o Ercilia Pepín, que fue una educadora y activista ejemplar. Más recientemente, hemos tenido presidentas de la Cámara de Diputados, senadoras, alcaldesas… Ya la mujer dominicana ha demostrado que tiene la capacidad y la inteligencia para liderar, para guiar, para meterle el pecho a cualquier vaina que se le ponga al frente. Asegún lo que vemos, ya no hay vuelta atrás.

Y ni hablar de la juventud, ¡klk con esa gente! Son la energía, la chispa, el futuro. Muchas veces se les subestima, se les ve como los “muchachitos” que no saben mucho de política, pero son ellos los que están viviendo el día a día, los que tienen las ideas frescas, los que están conectados con las nuevas tecnologías y los nuevos paradigmas. Su participación no es solo un derecho, es una necesidad para que las políticas públicas sean relevantes y realmente respondan a los retos que tenemos como sociedad. La guagua del progreso no puede ir sin ellos.

Cuando la diputada Didiez dice que mujeres y jóvenes “legitiman las instituciones y dinamizan la economía”, no está de chercha. Es en serio. Una sociedad donde las decisiones son tomadas por un grupo reducido, sin la diversidad de pensamiento y experiencia que traen estos sectores, es una sociedad coja, que no puede caminar bien. La inclusión no es solo un tema de justicia social; es una estrategia inteligente para el desarrollo sostenible. Un viaje de estudios lo demuestran.

Claro que sí, se han dado pasos, especialmente en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), donde hay un chin más de presencia femenina. Pero ella misma lo dejó claro: “aún resultan insuficientes frente a los desafíos contemporáneos”. ¡Y con razón! Todavía hay un montón de barreras estructurales que no dejan que la gente se meta de lleno, sobre todo en algunos países de la región y hasta en el nuestro. Esa es una vaina que hay que resolver de una vez por todas.

El problema no es solo la falta de asientos en el Congreso o en las alcaldías. Es la cultura, el sistema mismo, que a veces pone zancadillas sin que uno se dé cuenta. Es un tema de educación, de empoderamiento, de romper con esos viejos esquemas mentales que dicen que “esto es cosa de hombres” o que “los jóvenes no tienen experiencia”. ¡Pura vaina! La experiencia se gana metiéndose, participando, y la capacidad no tiene género ni edad, mi gente.

Desde el PARLACEN, la diputada nos confirma que están metiendo mano en serio con la inclusión. No es un discurso vacío, no. Han aprobado propuestas jevis como la de “Mujeres, Migración y Desarrollo”, y ya están montando el XII Encuentro Nacional de Mujeres de Partidos Políticos para el 2025. Eso es señal de que se están buscando soluciones concretas, que la cosa va en serio y no es un relajo.

Y es que la Comisión de la Mujer, Niñez, Juventud y Familia, junto con el Bloque de Mujeres Parlamentarias, está en la brega constante. Fomentan el liderazgo femenino, le caen atrás a la violencia de género –que esa es otra vaina que nos tiene mal– y se la buscan con otros congresos y asambleas para fortalecer esa agenda de igualdad y desarrollo inclusivo. Ese es el verdadero tigueraje que queremos ver en la política.

La voz de Namibia Angola Didiez resonó lejos, pero su mensaje es para todos nosotros, aquí en el patio. Es un llamado a la acción, a entender que la política no es solo para “esa gente” de cuello blanco, sino para cada uno de nosotros. Las mujeres y los jóvenes no son solo números en un padrón electoral; son agentes de cambio, la fuerza vital que puede darle un giro jevi a la democracia dominicana y al futuro de nuestro país. ¡Así mismo es!

Entonces, cuando usted escuche que las mujeres y los jóvenes son el pilar de la transformación democrática, sepa que no es una exageración, es la pura verdad. Son ellos quienes pueden inyectar sangre nueva, ideas frescas y una visión más equitativa y justa para el porvenir. Sin su voz, sin su presencia activa en cada espacio de decisión, lo que tendremos es una democracia incompleta, que no refleja la diversidad y el potencial de nuestra gente.

Así que ya lo saben, a meterle mano, a apoyar y a exigir que estos sectores tengan el espacio que se merecen. Porque al final del día, el progreso de la nación es la vaina que nos beneficia a todos, ¿verdad que sí?

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