¡Ay, mi gente! Si hay una vaina que nos tiene a todos con la cabeza vuelta un yoyo cada día, es el tranque infernal que se arma en el Gran Santo Domingo. Desde que amanece hasta que se acuesta el sol, las calles son un verdadero corre-corre, un despelote que a veces nos saca de quicio. En medio de este tigueraje diario, el diputado de la Fuerza del Pueblo (FP), Tobías Crespo, ha soltado una bomba que nos pone a pensar: ¡las alcaldías no están haciendo su parte!
Asegún Crespo, y con justa razón, el trabajo y la colaboración de nuestros ayuntamientos son más que fundamentales para ponerle coto a este caos vehicular que parece no tener fin. Habla claro el legislador, y es que sin el compromiso de las autoridades locales, por más que se esfuercen otras instituciones, la Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial (Ley 63-17) se queda coja, o peor aún, se convierte en un papel mojado. Esta ley, que busca organizar la vida del dominicano en las vías, necesita de una aplicación efectiva desde la base municipal.
El diputado no se anda con rodeos y enfatiza que la colaboración con el cumplimiento de las normas no solo mejoraría la fluidez vehicular, sino que garantizaría una convivencia más armónica entre conductores, pasajeros de guaguas y carros, y nuestros peatones, que muchas veces son los que llevan la peor parte. Y es que, dígame usted, ¿quién no se ha visto en un apurismo por el desorden en la calle o ha sido testigo de un accidente por la falta de señalización o el relajo en el tránsito? Prevenir los accidentes es una prioridad que no puede echarse en saco roto, pues estos males han sembrado luto en demasiados hogares dominicanos.
Es un secreto a voces que el 90% de los accidentes de tránsito que ocurren aquí se deben a fallas humanas, una realidad dura que Crespo nos recuerda constantemente. Pero, ¿cómo vamos a esperar que la gente respete los límites de velocidad y las señales de tránsito si la infraestructura y la fiscalización a nivel local no están a la altura? Aquí entra el papel de las alcaldías, que son las llamadas a velar por la señalización adecuada, la gestión de los parqueos y el mantenimiento de las vías urbanas. Si no hay disciplina, la vaina se pone fea y cada quien anda por su lado como si no hubiera ley.
La Ley 63-17, que entró en vigencia con la promesa de transformar el sector, le otorga responsabilidades claras a los gobiernos locales. Estamos hablando de la planificación urbana en lo relativo al tránsito, la instalación y mantenimiento de la señalización, la gestión del espacio público para el estacionamiento, y hasta la educación vial a nivel comunitario. Entonces, ¿klk? ¿Por qué se hace tan difícil el cumplimiento? ¿Será por falta de recursos, de voluntad política, o de una buena coordinación con entidades como INTRANT y DIGESETT? Sea lo que sea, la verdad es que el ciudadano de a pie es el que sufre el mamey cada día.
El desorden en el tránsito no es solo una molestia; es un lastre económico y social. Cada minuto que pasamos en un tapón es tiempo perdido que no vuelve, productividad que se esfuma, y estrés que nos carcome. Las empresas también resienten este relajo, encareciendo el transporte de mercancías y afectando la competitividad. Es una situación compleja que requiere de un compromiso serio de todas las partes involucradas, empezando por los que tienen el deber de hacer cumplir la Ley de Movilidad en sus respectivos municipios. Si las alcaldías se pusieran las pilas de una vez, el panorama sería otro.
Y aunque el tema del tránsito es un dolor de cabeza constante, el diputado Tobías Crespo también se ha fajado en otras áreas vitales. Recientemente, encabezó un operativo médico integral que fue bacano y bien recibido en el populoso sector de Guachupita, dentro del marco de su programa “Asistencia Ciudadana Municipal”. Un coro de servicios que incluyó odontología, oftalmología, ginecología y medicina general. Esto, mi gente, demuestra que la labor de un legislador no solo se enfoca en las leyes, sino también en el bienestar directo de su comunidad.
En estos barrios, donde la gente muchas veces no tiene ni para los pasajes de la guagua, mucho menos para costear servicios de salud tan básicos como una limpieza dental o un examen de la vista, estos operativos son una bendición. Crespo mismo destacó que la salud de la gente es lo primero, y es que en estos operativos se realizan trabajos dentales que la gente no podría pagar por los pocos recursos económicos que perciben. Es chulo ver cómo se organizan jornadas con limpiezas dentales, extracciones, restauraciones, colocación de prótesis con radiografías, y hasta atención odontopediatría para los muchachitos.
Este programa “Asistencia Ciudadana Municipal” se lleva a cabo cada seis meses en distintos barrios del Distrito Nacional, y cuenta con el apoyo invaluable de más de 50 médicos norteamericanos de la Fundación GR. Esto es un ejemplo claro de cómo la cooperación internacional, coordinada por líderes locales como el doctor Walter González, puede traer soluciones tangibles a las necesidades más apremiantes de nuestra gente. Es una muestra de que, a pesar de los desafíos, cuando hay voluntad y buena fe, se pueden lograr grandes cosas por el pueblo.
En definitiva, el llamado de Tobías Crespo a las alcaldías para que cumplan con la Ley de Movilidad es un toque de atención que no podemos ignorar. No podemos seguir con la misma vaina de siempre, lamentándonos del caos sin exigir a quienes tienen la responsabilidad de poner orden. Es hora de que nuestros municipios asuman su rol con seriedad y le den al pueblo dominicano el tránsito que se merece: ordenado, seguro y eficiente. La movilidad no es un lujo, es un derecho, y el desarrollo de nuestra nación depende en gran medida de que este aspecto esté de lo más bien.
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