¡Ay, santísimo! Qué lío se ha armado en el ambiente artístico con la denuncia que ha soltado el maestro Manuel Tejada. El reconocido productor musical y director de orquesta, de esos pilares de la música dominicana, ha puesto el dedo en la llaga al confirmar una deuda pendiente que los hermanos del fenecido merenguero Rubby Pérez mantienen con él y otros colaboradores del exitoso pero ahora controversial concierto “Rubby Pérez Infinito”. Esto no es cualquier chercha, es un asunto serio que toca la fibra del respeto al trabajo y al legado de uno de nuestros grandes.
El comunicado de Tejada, que se regó como pólvora en las redes sociales, no deja espacio a dudas. El hombre habló claro, sin pelos en la lengua, asegurando que la actitud de “algunos de los hermanos Pérez” fue “deshonrosa” para la memoria de Rubby. Imagínense ustedes, un evento tan chulo, pensado para honrar al ‘presidente del merengue’ después de la tragedia de Jet Set, que termine en este klk de pagos atrasados. No es sólo que le deben a Aidita Selman, quien puso su corazón y su trabajo de productora artística sin cobrar, sino que hay un viaje de gente esperando sus chelitos.
Rubby Pérez, con su voz inconfundible y su carisma en escena, dejó una huella imborrable en el merengue dominicano e internacional. Su apodo, ‘el presidente del merengue’, no era de balde, y su trayectoria, desde sus inicios con Los Hijos del Rey hasta su exitosa carrera como solista, es un reflejo de la pasión y el talento que caracterizan a nuestra música. Un concierto tributo como ‘Rubby Pérez Infinito’ era más que merecido para celebrar su vida y obra, especialmente tras un incidente tan lamentable como el de Jet Set, que conmovió a toda la nación. Se esperaba que tal evento, gestado con tanto amor y profesionalismo, fuera un ejemplo de cómo honrar a nuestros íconos, pero esta situación opaca esa intención bacana.
La parte más peliaguda de esta vaina es que Aidita Selman, una figura respetada en la producción de espectáculos, decidió ‘regalar su trabajo’ a la memoria de Rubby Pérez. Eso es un gesto de puro corazón y admiración, de esos que te hacen sentir que todavía hay gente buena en el mundo. Sin embargo, su reclamo no es para ella, sino para saldar a sus suplidores, a la gente que trabajó bajo su batuta, que puso sus equipos y su tiempo. Estos son los que de verdad están en apuros, porque ellos sí dependen de esos pagos para llevar el pan a su casa. Es una cadena de afectaciones que no se ve bien en ningún lado.
Este tipo de percances, donde se promete pagar por un trabajo y luego se ‘echan un pato’, como decimos aquí, lamentablemente no son nuevos en el ambiente artístico. Afecta la credibilidad de futuros proyectos y el ánimo de los profesionales que, muchas veces, colaboran por amor al arte o por el respeto a una figura. Un evento que debía ser un canto a la grandeza de Rubby Pérez, ahora se convierte en una sombra de desilusión. Esto manda un mensaje agrio sobre la seriedad con la que se manejan las finanzas en ciertos proyectos, y cómo el nombre de un artista, incluso después de su partida, puede verse empañado por la irresponsabilidad.
La comunidad artística y el público en general esperan que esta situación se resuelva de una vez por todas. Honrar la memoria de un artista no solo es montar un concierto; es también asegurar que todos los que contribuyeron a ese homenaje reciban lo que les corresponde. Es de vital importancia que los responsables asuman su compromiso y demuestren el respeto que Rubby Pérez, su legado y sus colaboradores merecen. ¡Que se pongan las pilas con esos chelitos para que este mal trago no dañe la imagen de un gran presidente del merengue!
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