El precandidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Francisco Javier García, ha puesto el grito al cielo, y no es para menos. Según él, la reciente subida de los precios de los combustibles demuestra a todas luces que el gobierno actual no tiene ni la más mínima idea de cómo enfrentar la escalada del conflicto en Medio Oriente. Esta vaina, que está disparando el petróleo a nivel internacional, nos tiene a todos con los pelos de punta y la cartera más flaca que un chicharrón de pollo en agosto.
La verdad es que la situación está jevi de preocupante, mi gente. En apenas dos semanas, la gasolina regular y premium, junto al gasoil óptimo y regular, han visto incrementos significativos. Primero fueron RD$5, y la semana pasada metieron otros RD$10, dejando a la gente patinando para llegar a fin de mes. Este tigueraje en los precios es una respuesta directa al aumento brutal del barril de petróleo WTI, que ha subido un viaje de un 70% en lo que va de año, rompiendo récords y amenazando con la mayor interrupción de suministro de crudo en la historia. Ante este panorama, se esperaría que un país con visión tuviera un plan bajo la manga, pero aquí, al parecer, estamos viviendo el día a día.
García critica fuertemente que, mientras la administración actual no muestra eficiencia en el ahorro interno –¿dónde están los cuartos, klk?–, la salida más fácil es cargarle la mano al pueblo. Esto es un golpe directo a la economía familiar, que ya de por sí está agobiada por el alto costo de la vida. La canasta básica cada vez se pone más inalcanzable, y añadirle un extra a la guagua o al motor para ir a trabajar, de una vez te deja sin un chepa para el cafecito. Es fundamental que las autoridades prioricen buscar soluciones inteligentes que no impliquen desplumar al consumidor dominicano.
El dirigente político enfatizó que desde el inicio de esta crisis global, él mismo advirtió al gobierno sobre la urgencia de tener un protocolo de contingencia. Sin embargo, la respuesta fue que “tenían cómo hacerle frente”, una frase que ahora suena a pura chercha, porque los hechos demuestran lo contrario. Un país como el nuestro, dependiente en gran medida de las importaciones, necesita una estrategia robusta para amortiguar los choques externos. Esto incluye considerar reservas estratégicas de petróleo, buscar diversificación de fuentes energéticas y, sobre todo, una gestión fiscal que demuestre que el dinero del pueblo se está usando con cabeza, y no tirado al zafacón en gastos innecesarios.
La preservación de la estabilidad macroeconómica y la paz social no son temas de relajo; son pilares fundamentales para el desarrollo de la nación. Un gobierno responsable debe actuar con inteligencia y capacidad, especialmente en un panorama global tan agitado. No se trata solo de ver cómo suben los precios del petróleo; es entender cómo esa vaina impacta cada rincón de nuestra sociedad, desde el transporte de alimentos hasta la producción local. Si el “plan” que tenían era simplemente aumentar los precios cada vez que hay un “coro” en Medio Oriente, entonces la verdad es que estamos de lo más bien con un plan que no existe, o que, lo que es peor, nos perjudica a todos.
El llamado es a la sensatez y a la acción. Un verdadero liderazgo se demuestra en tiempos de crisis, anticipando problemas y protegiendo a su gente. No podemos seguir con improvisaciones que solo benefician a unos pocos y ahogan a la gran mayoría. Es hora de un plan bacano, uno que piense en el futuro y la sostenibilidad de nuestra Quisqueya, y no en la solución más fácil y dolorosa para el bolsillo del dominicano.
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