¡Ay, santo! Parece que el ‘tigueraje’ en nuestras carreteras no da tregua, y un ciudadano valiente se ha puesto los pantalones para denunciar una vaina bien peligrosa que está pasando con las guaguas de transporte público. Resulta que estos choferes, más allá de guiar, parecen estar en una competencia olímpica de velocidad y adelantamientos kamikazes, poniéndole el pecho a la ley y a la vida de los pasajeros y de cualquiera que se les cruce en el camino. Las imágenes grabadas son para uno quedarse frío, viendo cómo violan cada norma de tránsito como si las rayas continuas y las curvas sin visibilidad fueran solo un adorno en el asfalto. Esta situación tiene a la gente con el grito al cielo, porque la imprudencia en la vía es una rifa con la muerte, klk.
Este patrón de conducta irresponsable no es una novedad aquí en el patio; el ‘tigueraje’ de algunos conductores de transporte público es un cuento viejo que se repite a diario. Imagínate tú, ir en una guagua y sentir que estás en un rally de Montecarlo, con rebasamientos que te quitan el aire y velocidades de infarto. La gente que usa estas rutas se queja de que es una constante ver cómo estos choferes se desafían mutuamente, sin importar si llevan vidas humanas a bordo. Lo que más preocupa es la aparente falta de supervisión; uno se pregunta dónde está la Digesett cuando ocurren estas vainas, dejando que la irresponsabilidad se adueñe de nuestras vías y que cualquier día pase una desgracia que lamentar, ¡que Dios nos guarde!
La verdad es que la situación del transporte público en la República Dominicana ha sido históricamente un dolor de cabeza, con constantes llamados a la regulación y al orden. Desde hace años, la ciudadanía ha clamado por un sistema más seguro y eficiente, pero aún vemos cómo las viejas mañas persisten. La falta de respeto a las normas de tránsito no solo pone en riesgo a quienes van dentro de la guagua o a los que circulan en otros vehículos, sino que también afecta la percepción de seguridad vial del país y la calidad de vida de los dominicanos que dependen de este servicio. Es una vaina que impacta a nivel social, pues los accidentes de tránsito aquí son un flagelo que nos ha costado un viaje de vidas y recursos.
Por eso, el llamado a la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y al Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) no es un relajo; es una emergencia. Tienen que meterle mano a esta vaina de una vez, con más patrullaje en las zonas críticas y sanciones ejemplares para esas empresas y choferes que se creen los dueños de la carretera. No es solo poner multas, es educar y fiscalizar para que se entienda que la vida no es un juego. La gente está harta de que se juegue con su seguridad, y espera que estas instituciones garanticen que, al subirse a una guagua, uno llegue a su destino sano y salvo, sin tener que encomendarse a todos los santos. ¡Ya es hora de poner el orden en las vías, klk!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




