Desde Carrera de Palmas, en la provincia de La Vega, nos llega la vaina de que las intensas lluvias han dejado la comunidad patas arriba. Asegún reportan los propios residentes, las calles principales y un viaje de áreas del sector están totalmente inundadas, haciendo el tránsito un verdadero dolor de cabeza y poniendo en alerta a todos los hogares. Es una situación que se repite y que siempre nos recuerda la vulnerabilidad de ciertas zonas de nuestro país ante los aguaceros fuertes.
La Vega, esa provincia tan chula del Cibao, conocida por su fertilidad y su gente trabajadora, tiene también sus puntos débiles. Carrera de Palmas, al ser una zona con características geográficas particulares, a menudo se ve afectada cuando el cielo descarga sin piedad. Esto se complica aún más por la deficiencia en los sistemas de drenaje, una realidad que lamentablemente compartimos en muchos de nuestros campos y barrios. No es solo el agua que cae, sino la poca capacidad para evacuarla lo que causa este tremendo lío.
El impacto de estas inundaciones va más allá de un simple charco; afecta el día a día de nuestra gente. Los niños, por ejemplo, pierden clases si las escuelas cercanas se ven afectadas, y los adultos, con suerte, logran llegar a sus trabajos. El temor de perder los ajuares y los electrodomésticos, que con tanto esfuerzo se compran, es una preocupación constante. El “tigueraje” local y la Defensa Civil deben estar a millón coordinando cualquier ayuda o rescate, porque es en estos momentos que la solidaridad tiene que dar la cara.
Esta situación en La Vega nos obliga a reflexionar sobre la planificación urbana y rural de la República Dominicana, y cómo el cambio climático está intensificando los fenómenos atmosféricos. Los aguaceros de ahora parecen venir con más fuerza, y si no invertimos en infraestructuras resilientes y en un mantenimiento adecuado de cañadas y alcantarillas, seguiremos viendo estas vainas año tras año. Es un llamado de atención a las autoridades para que le pongan ojo a estos problemas que afectan directamente la calidad de vida de nuestra gente y, de paso, la economía local.
Además de la interrupción del día a día, las inundaciones traen consigo riesgos importantes para la salud pública. El estancamiento del agua es un caldo de cultivo perfecto para enfermedades que se transmiten por el agua o mosquitos, como el dengue o la leptospirosis, afectando a los más vulnerables. Es crucial que, una vez bajen las aguas, se implementen medidas de saneamiento para evitar una crisis de salud en la comunidad. La resiliencia dominicana es grande, pero no debemos depender solo de ella sin un apoyo gubernamental consistente.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




