¡Pero qué vaina! República Dominicana, nuestro pedacito de tierra, ha logrado un hito que nos llena de orgullo: según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el país ha salido del mapa del hambre. Esto es una noticia ‘heavy’, un avance que parecía lejano hace unos años. Sin embargo, no todo es color de rosa, pues este gran logro contrasta de una forma que ni te imaginas con la cruda realidad de que más del 41 % de nuestra gente sigue sufriendo de inseguridad alimentaria. Esto significa que, aunque no hay hambruna extrema, el acceso constante a alimentos nutritivos y suficientes para una vida activa y sana, sigue siendo un ‘brete’ para un viaje de dominicanos.
El informe SOFI 2026 de la FAO, que nos dibuja el panorama global de la seguridad alimentaria, pone de manifiesto cómo el país ha echado pa’lante en más de una década. La prevalencia de subalimentación se redujo de un 21.3 % entre 2004-2006 a menos del 2.5 % para 2023-2025, lo que nos sitúa en un nivel de ‘hambre cero’. ¡Chulísimo! Pero no nos podemos quedar ahí, porque el mismo análisis nos dice que la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave sigue afectando al 41.3 % de la población en la actualidad. ¡Es para pensarlo!
Aunque esta proporción de 41.3 % representa una disminución del 12.9 % frente a los datos de 2014-2016 –lo que no está nada mal–, la verdad es que se traduce en unos 4.7 millones de personas que están en la lucha por conseguir su comida día a día. De hecho, la República Dominicana se posiciona como el quinto país latinoamericano con mayor prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave. Y si a eso le sumamos que el 16.4 %, o sea, cerca de 1.9 millones de habitantes, padecen inseguridad alimentaria grave –aquella donde uno se queda sin alimentos y hasta pasa días sin comer, arriesgando la salud–, la cosa se pone aún más seria, aunque este flagelo ha mejorado un 7.9 % en diez años, ¡pa’ que lo sepas!
Pero los retos no se quedan ahí, mis queridos lectores. El estudio global de la FAO también nos trae otras dos realidades que están íntimamente ligadas y que nos tienen a todos con los ‘pelos paraos’: el incremento de la obesidad en los adultos y el encarecimiento de una dieta saludable. Asegún el informe, en 2012 la obesidad afectaba al 22.4 % de los mayores de 18 años, y para 2024 esa cifra saltó a un 30.8 %. ¡Una barbaridad! Esto significa que, lamentablemente, uno de cada tres dominicanos está lidiando con el sobrepeso o la obesidad. ¡Hay que meterle mente a eso!
El costo de comer saludable se ha ido por las nubes. En 2017, gastar en una dieta que te mantuviera ‘de lo más bien’ te salía por unos 3.39 dólares diarios por persona, pero para 2025 esa cifra se disparó a 5.60 dólares. ¡Un abuso! A pesar de este aumento de precio, la proporción de la gente que no puede permitirse una dieta sana bajó del 25.4 % en 2021 al 16.2 % en 2025, lo cual es algo positivo dentro de lo negativo. Sin embargo, la anemia en mujeres de 15 a 49 años tuvo un leve repunte, pasando del 19.2 % en 2012 al 22.4 % en 2023. ¡Hay que estar pilas con esos datos!
Y no todo son malas noticias, porque la investigación también saca a relucir algunos avances importantes que vale la pena mencionar. Por ejemplo, se ha visto una mejoría ‘jevi’ en el retraso del crecimiento o ‘stunting’ en los niños menores de cinco años, que disminuyó de un 8 % en 2012 a un 5.6 % en 2024. ¡Un éxito rotundo! El sobrepeso infantil se mantuvo más o menos igual, en torno al 7.5 %. Y para cerrar con broche de oro en las buenas nuevas, la lactancia materna exclusiva en bebés menores de seis meses casi se duplicó, pasando de un 8 % en 2012 a un 15.8 % en 2024. Esto demuestra que, aunque tenemos desafíos grandes, con trabajo duro y conciencia, ¡sí se puede!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




