Los que se meten en el mundo de las criptomonedas saben bien el cuento: las Cold Wallets (o monederos físicos) siempre se vendieron como la ‘vaina’ más segura para guardar tus chelitos digitales. La promesa era clara y concisa: tus claves nunca salían del dispositivo, ¡estaban bajo llave y candado! Pero, según la noticia, esa garantía se ha convertido en un ‘boqueo’ mayúsculo que ha dejado a un viaje de inversores con la boca abierta y las manos vacías.
El pasado 31 de julio, una catástrofe golpeó a cientos de dueños de Cold Wallets de la marca ColdCard. En apenas 40 minutos, sus Bitcoins desaparecieron de sus dispositivos. La ‘chercha’ es que el atacante no tuvo que tocar un solo monedero, ni infectarlo, ni conectarse. Simplemente, hizo lo que se suponía que era imposible: adivinó las claves. El robo, que ascendió a 1.367 bitcoins (unos 89 millones de dólares según los precios de aquel momento), afectó a 4.585 direcciones distintas, un verdadero ‘relajo’ de la ciberseguridad.
Lo más ‘chulo’ de este lío, y a la vez lo más grave, es que el ataque no rompió la seguridad física de los monederos. La caja fuerte seguía cerrada. El problema no fue que alguien se metiera en el dispositivo, sino que el fallo estaba en el mismísimo momento en que el dispositivo generó esas claves. Imagínate que un monedero de Bitcoin crea una semilla, una sucesión de datos aleatorios, de la cual derivan las claves. Si esa semilla es realmente impredecible, ni el supercomputador más ‘bacano’ del planeta podría adivinarla. Pero si la semilla no es tan aleatoria, ¡ahí es que la ‘vaina’ se pone fea, no importa que el monedero esté bajo siete llaves!
Asegún el reporte, la ‘vaina’ se complicó en 2021, cuando los ingenieros de ColdCard integraron una biblioteca llamada libNgU, buscando usar un generador físico de números aleatorios. Sin embargo, un error en la integración provocó que el sistema, ‘de una vez’, se fuera por la tangente y usara un generador seudoaleatorio de MicroPython. Esto expuso librerías críticas de Bitcoin, creando una brecha de seguridad que nadie se esperaba.
Lo que parecía un proceso aleatorio, no lo era tanto. El generador alternativo tomaba datos como el identificador fijo del chip y registros del reloj del dispositivo. Estos valores, aunque parecían generar números al azar, no eran un recurso criptográfico lo suficientemente fuerte. El ‘tigueraje’ de los atacantes, con suficiente conocimiento del firmware y el hardware, podía recrear una lista de semillas candidatas fuera del dispositivo, haciendo la tarea de adivinar las claves mucho más fácil de lo que debería.
Para los modelos Mk2 y Mk3 afectados, Coinkite, la empresa responsable, estima que el espacio efectivo para generar semillas se redujo a unos 40 bits. Aunque los modelos Mk4 y Mk5 tenían más entropía, un análisis de Block reveló que las semillas se limitaban a tan solo 32 bits. Eso, mi gente, convierte una adivinanza virtualmente imposible en una cuestión de pura potencia de cálculo y tiempo. Es como pasar de buscar una aguja en un pajar a buscarla en un dedal.
Adivinar esas claves se volvió cuestión de minutos. Unas 4.300 millones de posibles claves distintas suenan a ‘un viaje de números’ para un ser humano, pero para máquinas con capacidad de cálculo masivo, eso es ‘pan comío’. Por cada semilla, el atacante podía averiguar las posibles direcciones y compararlas ‘de una vez’ con la cadena de bloques de Bitcoin. Cuando encontraba fondos, ya tenía la clave para moverlos. No importaba que el Cold Wallet estuviera guardado en la casa o en una caja fuerte, ¡era como si el atacante lo tuviera en sus propias manos!
El robo se llevó a cabo por ‘oleadas’. La primera gran operación vació 1.082,65 BTC de 1.196 monederos en tan solo 41 minutos, el 31 de julio. Nuevos barridos elevaron el total a los 1.367 Bitcoins robados. Un estudio de Galaxy Research sugiere que pudo ser un solo atacante, o quizás varios ‘tigueres’ que descubrieron el mismo conjunto de claves débiles y se lanzaron al ataque al mismo tiempo.
Los creadores de ColdCard ya publicaron actualizaciones de firmware para corregir el problema. Sin embargo, la ‘vaina’ es que instalar esta actualización solo evita que se creen nuevas semillas defectuosas. No convierte en segura una semilla generada anteriormente. La recomendación es clara: actualizar primero, crear una semilla completamente nueva y trasladar los fondos ‘de una vez’ para evitar más sustos.
Esta situación resalta la paradoja del código abierto. Los responsables de ColdCard admiten que su código era público y, aunque se hicieron revisiones, no se siguió con detalle la implementación de la función que creaba las semillas. Incluso utilizaron modelos avanzados de IA para analizar la seguridad de su software, ¡y ni la IA detectó el problema! Ahora se especula con la posibilidad de que un atacante haya usado un modelo de IA para encontrar el fallo en versiones antiguas, aunque no hay pruebas concretas de ello. ¡Qué ‘vaina’!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



