¡Qué buena vaina! República Dominicana ha dado un paso firme en su producción agrícola, superando las 396 mil tareas cultivadas de coco. Este ‘junte’ productivo, distribuido en más de 5,383 parcelas, no es poca cosa; el ministro de Agricultura, Francisco Oliverio, afirmó que esto va más allá de una actividad tradicional, vislumbrando un potencial agroindustrial de lo más prometedor para el país.
Según el ministro Oliverio, los datos del Registro Nacional Agropecuario ofrecen una radiografía clara, crucial para diseñar políticas públicas. La producción se concentra en Samaná, María Trinidad Sánchez, Hato Mayor y Monte Plata, que reúnen un 64% de los productores y casi el 70% de la superficie sembrada. María Trinidad Sánchez lidera en superficie con más de 103 mil tareas, mientras Samaná tiene más productores. Nagua, a nivel municipal, se ‘botó’ con más de 76 mil tareas, cerca del 19% nacional. Oliverio, en Dominicoco 2026, dejó claro que esta es una plataforma robusta para una industria de mayor envergadura.
El gran reto, asegura Oliverio, va más allá de solo producir más. La verdadera ‘chercha’ está en que cada tarea sea más productiva y que una buena parte de la cosecha se transforme aquí mismo, en el patio dominicano. El coco ya no es solo esa fruta fresca; tiene un viaje de potencial en derivados como agua, aceite, leche, harina, cosméticos y alimentos procesados. Esto, de una vez, puede generar un ‘tigueraje’ de empleos, nuevas inversiones, abrir mercados internacionales y, por ende, mayores ingresos para nuestros productores.
Sin embargo, los datos oficiales también nos chismosean sobre limitaciones serias. Apenas un 49% de los productores de coco recibe asistencia técnica y, ¡ojo!, solo un 16% tiene acceso a crédito agropecuario. La situación se complica más cuando vemos que un escaso 6% cuenta con seguro y un triste 4% tiene contratos formales de comercialización. Estos indicadores son un campanazo para reorientar las políticas públicas hacia las necesidades reales del sector.
Otro ‘dilema’ crítico es la disponibilidad de agua, con un abrumador 83% de las parcelas operando sin riego. Con la variabilidad climática actual, esta es una vaina seria. Agricultura insiste en la urgencia de promover sistemas de riego eficientes, mejorar la nutrición de los cultivos y usar nuevas tecnologías. A esto se suma que el 71% de los productores tiene 50 años o más; una realidad que obliga a integrar a la juventud al campo, percibiéndolo como una oportunidad empresarial con tecnología, innovación y financiamiento.
La visión de Agricultura es clara: conectar más al productor con la industria y los mercados. Para el ministro Oliverio, el futuro del agro dominicano está en un campo más tecnificado, con productores bien acompañados, más acceso a financiamiento y una producción vinculada directamente a la industria. Dominicoco 2026 sirvió como un ‘coro’ ideal para intercambiar conocimientos y traer soluciones. Como enfatizó Oliverio: ‘El coco forma parte de nuestra historia agrícola, pero no podemos conformarnos con administrar su pasado. Tenemos que construir su futuro’. ¡Y de una vez!
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