La comunicadora Nelfa Núñez ha generado un ‘coro’ de comentarios tras confesar que siente una profunda ‘paz’ al observar desde la lejanía el ambiente al que una vez perteneció. Según la noticia, Núñez expresó sin rodeos su alivio, dando gracias a Dios por no tener ya “nada que ver con ese mierdero”. Esta declaración, compartida por la misma Nelfa Núñez en su cuenta de Instagram, ha resonado con un ‘viaje’ de personas que quizás entienden la presión de los focos.
Su comentario sobre el “circo” al que alude la noticia apunta directamente a una realidad en muchos espacios públicos, donde la búsqueda de la controversia y el sensacionalismo a menudo eclipsan el contenido de valor. En el mundo de la comunicación, especialmente en la era digital dominicana, la tentación de generar un “corte viral” es una ‘vaina’ poderosa. Núñez ha puesto el dedo en la llaga al señalar que, en esos entornos, no se busca entender, sino “ganar”, y que se confunde “hablar claro con herir”.
Esta reflexión de la comunicadora subraya una dinámica preocupante: la transformación de los debates en confrontaciones de ego, donde la meta principal parece ser la de sobresalir o generar una reacción, sin importar si el mensaje se distorsiona o si se causa daño. Es un ‘tigueraje’ que muchos conocen, donde la profundidad de un tema se sacrifica por la inmediatez y el impacto en las redes, haciendo de cualquier ‘chercha’ un posible ‘escándalo’ o un ‘chisme’ al vuelo.
Nelfa Núñez no se exime de haber caído en esa trampa. Ella misma admitió que “estuvo ahí”, dejándose arrastrar por el entorno y normalizando comportamientos que, con la perspectiva del tiempo, sabe que no la representaban. Esta honestidad es ‘bacana’, pues reconoce una vulnerabilidad humana muy real: la presión social y profesional que lleva a uno a ceder ante dinámicas que en el fondo no le pertenecen. A veces, uno se embarca en un ‘klk’ sin darse cuenta de que no es su camino.
Su mensaje final es un llamado a la autenticidad y al reconocimiento de los límites personales. Desprenderse de un “mierdero”, como ella lo describe, puede ser un acto de pura autoconservación y de búsqueda de un bienestar genuino. En un mundo donde la línea entre lo público y lo privado es cada vez más difusa, la paz que Nelfa Núñez ha encontrado al mirar de lejos, es un testimonio potente sobre la importancia de la salud mental y emocional frente a la vorágine de la fama y la exposición constante.
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