¡Qué ‘vaina’ esta del arroz, mi gente! La República Dominicana y los Estados Unidos andan en un ‘coro’ un tanto tenso por el futuro de un producto tan básico y vital para nosotros: el Arroz. Según la noticia que nos llega, la vaina se puso caliente después de que se venciera el período de protección que estaba establecido en el famoso DR-Cafta. Washington asegura que desde enero de 2025, el arroz que viene de allá debería entrar aquí como Pedro por su casa, con libre acceso al mercado.
Pero ¡ahí es donde viene el ‘pleito’! El Gobierno dominicano, bajo la dirección del presidente Luis Abinader, ha tomado otro rumbo, decidiendo mantenerle una protección casi intacta a nuestra producción nacional. La piedra de la discordia es el Decreto 693-24. Este decreto permite la entrada sin aranceles de 23,300 toneladas métricas de arroz gringo, pero le clava un 99% de impuesto a todo lo que exceda ese volumen. ¡Una jugada para proteger lo nuestro, sí o sí!
Desde la perspectiva de Estados Unidos, esta medida choca de frente con los compromisos que la República Dominicana asumió al firmar el tratado de libre comercio. El ‘Informe nacional de barreras al comercio exterior 2026’ de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) echa pa’trás y nos recuerda que el país se comprometió a eliminar los aranceles sobre los productos agrícolas estadounidenses a partir del primero de enero de 2025. O sea, según ellos, esta protección del arroz es como quien dice, irse por la tangente.
El USTR es claro al señalar que el Decreto 693-24 dejó de forma permanente para el arroz el mismo esquema que correspondía al año 19 del tratado. Esto significa las 23,300 toneladas métricas sin arancel, pero manteniendo ese 99% de tasa para cualquier importación adicional. La verdad es que sectores estadounidenses han manifestado una preocupación tremenda, alegando que República Dominicana está tomando medidas que ‘menoscaban sus obligaciones bajo el acuerdo comercial’. Asegún el reporte, Washington está dándole seguimiento a este ‘asuntico’ y lo está manejando bilateralmente con nuestras autoridades.
El argumento principal de los gringos es que la República Dominicana tuvo ¡dos décadas! para preparar su producción arrocera antes de que llegara esta liberalización definitiva. La interpretación estadounidense del acuerdo es que desde 2025, su arroz debería entrar sin contingentes y con arancel cero. Un ‘disque’ tiempo más que suficiente para que los productores locales se pusieran ‘de lo más bien’ y pudieran competir.
Pero la preocupación nuestra, la dominicana, tiene una dimensión económica que no es poca cosa, ¡es un viaje de importante! Los datos oficiales que se dieron a conocer este mismo año, según la noticia, nos dicen que el cultivo de arroz representa más del 20% del valor bruto de toda la producción agropecuaria del país. Y esto no es solo números; ¡estamos hablando de más de 300,000 empleos directos e indirectos que dependen de este sector! El propio presidente Abinader había dicho que los empleos directos superaban los 90,000 y los indirectos rondaban los 320,000, sin contar las más de 300 factorías que procesan el grano. Esto no es solo una discusión de aranceles, es la estabilidad de una gran parte de nuestra gente.
La cadena económica del arroz es algo ‘jevi’, no se limita solamente a las plantaciones. Los productores y trabajadores agrícolas son solo una parte de una estructura gigantesca que incluye las factorías, los transportistas que mueven el arroz de aquí para allá, los comerciantes que lo venden, los suplidores de insumos, los financistas y un sinnúmero de actividades que se vinculan directamente a las comunidades productoras. Una verdadera red de ‘tigueraje’ productivo, donde cada eslabón es fundamental.
Y para rematar, este cultivo está regado en nada más y nada menos que 21 provincias de nuestro hermoso país. ¿Se imaginan una crisis en este sector? ¡Sería un desorden ‘bacano’! Los efectos económicos y sociales se sentirían en una parte importantísima de nuestro territorio nacional, afectando a un montón de familias dominicanas. Por eso, para la República Dominicana, esta vaina del arroz trasciende una simple discusión arancelaria. Lo que está en juego es la estabilidad de una cadena productiva que sostiene empleos, industrias y las economías de muchísimas comunidades locales. ¡A cuidar lo nuestro se ha dicho!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




