La noticia que ha puesto a más de uno con la boca abierta en el patio es la de Amira Evans, una creadora de contenido para adultos de 27 años, cuya historia parece sacada de una película. Según el reporte, esta joven británica, que se destaca por su estatura y peso, con dos metros y casi cien kilos, ha revelado el particular ‘negociazo’ que tiene con sus seguidores. Y no estamos hablando de videos ni fotos comunes, no, la vaina va más allá de lo que uno se imagina.
Con 1.4 millones de seguidores en Instagram, Amira ha destapado los sucios secretos de algunos de sus admiradores. Resulta que, además de las peticiones tradicionales, recibe ofertas jugosas por sus prendas íntimas usadas. Lo más sorprendente, según ella misma relata, no es solo el hecho de vender su ropa interior, sino el uso que muchos de sus compradores le dan. Parece que los señores no la quieren solo para coleccionar o simplemente olerla, sino para algo que, de buenas a primeras, la dejó en shock: usar la ropa íntima usada de ella durante sus jornadas laborales.
Imagina esto, un calzón que a ella le costó quizás dos libras (un par de cheles, cien pesos de aquí), termina vendiéndose por más de cien libras, ¡un dineral! Y la cosa se pone aún más interesante cuando la prenda fue utilizada después de una sesión de ejercicio o en el gimnasio, ahí es que los clientes sueltan un viaje de dinero, a veces hasta cientos de libras. Amira confesó que lo que más le llamó la atención no fue el billete, sino la creatividad de sus clientes para darle un uso poco convencional a sus piezas.
La creadora de contenido, citada por el Daily Star, cuenta que muchos hombres le han confesado que llevan su lencería bajo el traje, debajo de los calzoncillos, mientras están en reuniones importantes. ¡Qué tigueraje! Incluso, algunos están casados y con hijos, y ahí están, en medio de la seriedad del trabajo, con su pequeño secreto guardado, la tanga de Amira puesta. Ella misma se ríe al imaginarse a esos ejecutivos con sus trajes caros y, por dentro, con una pieza íntima de mujer. ¡Una chercha, te lo juro!
Según Evans, esta práctica tiene un encanto particular: el secretismo. ‘Creo que les encanta saber que nadie a su alrededor tiene ni idea’, explicó. Es como un jueguito travieso que solo comparten ella y sus compradores. Este ‘pequeño secreto’ es parte fundamental del atractivo que encuentran los caballeros en esta peculiar transacción. No es solo la prenda, es la complicidad y la transgresión silenciosa lo que parece mover esta demanda.
Uno de sus suscriptores llegó al extremo de confesar que había acumulado una colección entera de lencería femenina sin que su esposa lo supiera. El hombre, cuya pareja era ‘muy pequeña y menuda’, no podía usar su ropa, por lo que compraba prendas y juguetes de tallas grandes. ¿Y dónde las escondía? En su bolsa de golf, porque, según él, su esposa ‘nunca revisaría allí’. ¡Un verdadero maestro del disimulo, ese sí es un dominicano de pura sepa con su coro montao!
Pero la vaina no se queda ahí. La ropa utilizada durante el ejercicio también tiene su propio mercado. ‘Los hombres me piden constantemente que les venda mis sujetadores deportivos, calcetines y ropa interior sudados después de ir al gimnasio’, señaló Amira. Aunque no acepta pedidos de prendas usadas por varios días por higiene, sí cobra más si las piden específicamente después de un buen entrenamiento. ¡Claro, el sudor tiene su precio!
Además de las prendas, la gente le pide cosas de lo más diversas. Le pagan por verla hacer actividades cotidianas, como pasear por su casa, limpiar o pasar por debajo de puertas, todo para verificar que realmente mide dos metros. También le piden tareas domésticas, ducharse, o simplemente verla hacer gestos como pucheros, lanzar besos o morderse el labio, a veces sin mostrar su cuerpo completo. Incluso, algunos solo quieren escucharla decir su nombre. ¡Está de lo más bien la gente con lo que le llama la atención!
Toda esta experiencia le ha cambiado la forma de ver los estándares de belleza a Amira. Una de las mayores sorpresas ha sido la celulitis. Mientras muchas mujeres se preocupan un montón por ella, sus suscriptores la llaman ‘hoyuelos’ y ¡les parecen bonitos! ‘Nunca he tenido un suscriptor de pago que critique mi celulitis. Al contrario, suelen elogiarla’, afirmó. Esto le ha demostrado que las redes sociales pueden distorsionar la percepción de lo que es atractivo.
Según Amira, ‘Las redes sociales les dicen a las mujeres que necesitan una piel perfecta y cuerpos impecables, pero eso no es lo que yo he experimentado en absoluto’. Sus clientes la quieren tal cual es, con todo y sus ‘imperfecciones’. Pagan precisamente por esas cosas que a las mujeres a menudo se les dice que deben ocultar. Es una revelación que nos hace pensar: quizás nuestras mayores inseguridades son, para otros, ¡lo más chulo del mundo! Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




