¡Klk, gente! La pandemia de COVID-19, esa vaina que nos revolcó a todos, no solo nos trajo desafíos de salud física, sino que, según el psiquiatra Lorenzo Araujo, nos obligó a reexaminar la vida y a ver las cosas con otra lupa. Este reconocido especialista en salud mental, de acuerdo a la noticia, afirmó que la crisis sanitaria fue como un reset, un empuje para que la humanidad hiciera una profunda revisión de sus valores y prioridades, volviendo a lo esencial de una manera que ni nos imaginábamos.
Araujo aclaró que las enfermedades mentales no aparecieron con el bicho; han estado ahí desde siempre, en todas las épocas. Lo que sí se transformó con la pandemia fue la forma en que percibimos y enfrentamos esos desafíos de la mente. Antes, con todo el desarrollo científico y tecnológico, a veces la gente se olvidaba de lo importante, de la conexión humana. Pero esta situación global, esa ‘vaina’ que nos trancó en casa, puso en evidencia lo vital que es el acompañamiento emocional y el valor de la gente que tenemos cerca.
Este análisis tan puntual lo compartió el facultativo mientras participaba en el programa ‘Hablando de Salud’ de El Nuevo Diario TV, un foro donde se armó un buen coro con otros profesionales. Allí, se destacó que la humanidad, quizás muy envalentonada por los avances, había dejado a un lado la importancia de lo puramente humano, algo que la pandemia, de una vez, nos recordó.
Según Araujo, el siglo XXI se creía el ‘tigueraje’ de la innovación, la ciencia y la tecnología. Nos sentíamos invencibles, súper avanzados, casi rozando la perfección. Pero la llegada de ese virus desconocido, esa amenaza global, nos puso los pies en la tierra de un golpe. Demostró que, por más chulo que fuera nuestro progreso, había limitaciones frente a algo tan básico como una enfermedad. Nos hizo ver que, a veces, la sabiduría ancestral es más efectiva que toda la tecnología junta.
Durante los momentos más críticos, cuando tocaba quedarse en casa, aislados, la gente se vio forzada a buscar consuelo y mecanismos dentro de sus propios espacios. Esa experiencia, según la noticia, nos permitió redescubrir lo ‘bacano’ que es el valor de la convivencia y las relaciones afectivas. Araujo lo resumió con una frase que pega fuerte: ‘La mejor cura, la mejor terapia que pudimos encontrar fue la salud del consuelo humano. Fue la conversación del hombre con el hombre, de los hijos con los padres y de los padres con los hijos’. ¡Qué vaina más cierta, mi gente!
Antes de que llegaran las vacunas y tratamientos efectivos, cuando la incertidumbre era un viaje de grande, el apoyo emocional y la comunicación se convirtieron en el verdadero bálsamo. Además, el psiquiatra resaltó que la pandemia demostró que ante una crisis de este calibre, no había distinción. Richachá o chelito, presidente o limpiabotas, todo el mundo estaba expuesto. Nadie estaba ‘protegido del virus de la pandemia’, como bien dijo, un recordatorio fuerte de nuestra vulnerabilidad compartida.
Para finalizar, Araujo instó a ver esta experiencia como una oportunidad de oro para reevaluar la sociedad, la familia, la educación, los gobiernos y hasta nuestra dimensión espiritual. Esta reflexión profunda es clave para enfrentar los retos de la salud mental que nos depara este siglo XXI, en una sociedad que no para de cambiar, y así aprender de esa ‘vaina’ de la pandemia, para que no nos agarre desprevenidos otra vez.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




