En nuestro país, se sabe que el ‘sobrepeso’ y la obesidad son una vaina que nos tiene a más de uno con el grito al cielo. Pero, ¿te habías puesto a pensar cómo esta situación afecta tu ‘coro’ íntimo? Aparentemente, no es solo el corazón, el metabolismo o las rodillas que sufren; la vida sexual también se resiente, y de qué manera. La noticia nos cuenta que esta condición puede meterle la pata a la producción de hormonas y al funcionamiento de los vasos sanguíneos, lo que, al final del día, se traduce en menos deseo, problemas de erección y hasta falta de lubricación. ¡Un verdadero “aguando el coro”!
Según lo que explicó el sexólogo colombiano Fernando Rosero durante el taller Vive Ligero, parte del Foro Latinoamericano Value Exp, patrocinado por Novo Nordisk, una buena parte de los pacientes que buscan ayuda por problemas sexuales, tienen en el fondo un tema de sobrepeso u obesidad. El experto, que según el reporte expuso en Panamá, fue claro al decir que ‘dos de cada tres pacientes con sobrepeso y obesidad van a tener algún tipo de disfunción sexual por una causa médica’, o sea, no es solo un asunto de la mente, sino del cuerpo. ¡Para que sepas, mi gente!
El mecanismo detrás de esta situación, de acuerdo con el especialista, es la inflamación que se produce en el organismo cuando hay sobrepeso u obesidad. Esta inflamación puede ‘echar a perder’ el funcionamiento de los ovarios en las mujeres y de los testículos en los hombres, interfiriendo directamente con las células que se encargan de producir hormonas tan importantes como la testosterona. Así que, no es que uno no se guste, sino que el cuerpo se pone en modo ‘producción baja’ de esas hormonas que te dan las “ganitas”.
Y la cosa no se queda solo en el deseo, ¡qué va! Rosero detalló que esa misma inflamación y otros procesos asociados con el sobrepeso y la obesidad le dan “una pela” a los vasos sanguíneos, incluyendo los que tienen que ver con la respuesta sexual. La acumulación de grasa puede afectar los vasos del pene y de la vagina, impidiendo que se dilaten como es debido. ¿El resultado? El varón no puede tener una erección firme y la mujer no logra la lubricación necesaria. ¡Una situación nada ‘jevi’ para la intimidad!
El sexólogo también ‘bajó línea’ con la idea de que las dificultades sexuales de las personas con obesidad se limitan a la autoestima o a sentirse atractivo. Aunque no negó que la imagen corporal juega su papel, insistió en que reducir el problema a algo puramente psicológico o estético es no ver el cuadro completo, dejando de lado los cambios físicos y metabólicos que son un ‘tigueraje’ para el cuerpo. El enfoque, según él, debe ser la salud, no solo la balanza.
Para Rosero, la vaina es más profunda. ‘Los kilos de más son encuentros sexuales de menos’, aseguró, pero de una vez amplió el pensamiento. ‘Los kilos de más son menos años de vida, menos corazón funcionando bien, menos riñón funcionando bien y menos calidad de vida’. O sea, que el asunto de la salud va mucho más allá de cómo uno se ve en el espejo o de si le ‘mete mano’ bien en la cama; es una cuestión de vida o muerte, o al menos, de vivirla con ‘chercha’ o con achaques.
Una cosa que el experto también quiso dejar clara es que la obesidad no es por ‘falta de voluntad’. Hay factores genéticos, ambientales y biológicos que están envueltos en esta condición. ‘Pequeños cambios (en el estilo de vida) deben ser considerados como grandes batallas’, enfatizó. Además, el estigma social hace su “trabajito sucio”, dañando la salud de la gente al avergonzarlas y hacer que pospongan la búsqueda de ayuda médica. ¡Esa es una “verdad sin filtro” que hay que decir!
Y sobre los medicamentos para el sobrepeso y la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1 (semaglutida), Rosero desmintió la idea de que son solo ‘un atajo estético’. Si bien la apariencia es una motivación, estos tratamientos ofrecen múltiples beneficios a la salud, mejorando el funcionamiento cardiovascular y metabólico. Sin embargo, no son una ‘receta para todo el mundo igual’; deben ser indicados y supervisados por profesionales, porque cada paciente tiene sus ‘necesidades y unas indicaciones muy puntuales’.
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