¡Klk, mi gente! Esta semana, los ojos del mundo, y los de nosotros los dominicanos que estamos metidos en el coro del dinero digital, están puestos en un evento que podría darle un empuje o un freno a la criptomoneda más jevi de todas: el Bitcoin. Este miércoles 18 de marzo, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) se sentará para anunciar su decisión sobre las tasas de interés. Y la verdad es que, para el que sabe de esta vaina, el impacto en el precio del Bitcoin en el corto plazo es un factor clave que tiene a todo el mundo con el Jesús en la boca.
Actualmente, las tasas se han mantenido en un 3.75%, un número que viene desde la última movida en diciembre. Pero, ¡ay, mi madre!, ahora la expectativa del mercado es que no haya cambios, que se queden en la misma posición. Esto no es solo una noticia para los gringos, ¡qué va! Para nosotros aquí en el patio, esto también nos toca de cerca. La política monetaria de la FED es como un dominó que, cuando cae una pieza, afecta todo, desde las remesas que nos mandan nuestros hermanos ausentes hasta el precio de la gasolina que le echamos a la guagua.
El meollo del asunto estará en lo que diga Jerome Powell, el presidente de la FED. La gente va a estar escuchando cada palabra, buscando cualquier pista sobre si las tasas se mantendrán por un buen tiempo o si habrá alguna modificación en las proyecciones, sobre todo con las nuevas presiones inflacionarias que se han armado por el relajo en Irán y el consecuente aumento en los precios de la energía. Es como cuando uno está en un coro y el DJ va a poner la próxima canción, todo el mundo esperando a ver si es un dembow que prenda la fiesta o una bachata corta vena.
Y hablando de Irán, se armó un toyo que ha vuelto a complicar el panorama mundial, y por ende, el bolsillo de todos. El conflicto que se intensificó desde finales de febrero está metiendo la mano en la economía global a través del mercado energético. Ustedes saben, cuando la cosa se pone fea en el Medio Oriente, el petróleo se dispara, y eso, de una vez, lo sentimos en la bomba de gasolina aquí en Santo Domingo. El barril de petróleo ha superado los 120 dólares y, aunque se ha estabilizado un poco cerca de los 100, ¡eso no es nada chulo! Estos niveles no los veíamos desde el 2022, y es una señal de que la inflación anda suelta como chivo sin ley.
Este encarecimiento de la energía es un motor inflacionario que podría obligar a la FED a mantener las tasas altas por más tiempo de lo esperado. Imagínense, el mismísimo Donald Trump ha estado metiendo presión para que bajen las tasas de inmediato, ¡pero el mercado de predicción Polymarket no le da ni un chin de chance a eso! Se están apostando un 100% a que las tasas se quedarán tranquilas. Y es que la FED, asegún dicen los que saben, tiene que cuidarse de que la economía no se le vaya de las manos con el tema de la inflación, que al final del día es la que nos saca los chelitos del bolsillo a la hora de ir al supermercado.
La relación entre las tasas de interés y el Bitcoin es directa, como dicen por ahí, “agua y aceite”. Cuando hay recortes de tasas, el crédito se abarata, y los inversionistas buscan activos “de riesgo” como Bitcoin para sacarle más provecho a su dinero. Pero, si las tasas se quedan altas, la gente tiende a ser más cautelosa, y eso frena el ímpetu alcista de las criptomonedas. Es la eterna danza entre la prudencia y la búsqueda de la fortuna.
Pero, ¡ojo!, a pesar de toda esta cautela con la FED, el Bitcoin está de lo más bien, mostrando una fortaleza bacana. En estos días, superó los 74,405 dólares, recuperándose con un tigueraje desde los 60,000 dólares que veíamos en febrero. Eso es señal de que, aunque haya nubarrones, el Bitcoin tiene su gente que le sigue metiendo. Algunos analistas, como Michaël van de Poppe, dicen que la valoración del Bitcoin frente al oro está subiendo, lo que sugiere que se está afianzando como una reserva de valor en este mar de incertidumbre. ¡Es que el Bitcoin es un tipo serio, mi hermano!
Van de Poppe está convencido de que el optimismo es contagioso en el sector cripto. La ruptura de rangos en otras criptomonedas importantes, como Ether (ETH), suele ser la antesala de movimientos más grandes en el mercado. Es cuestión de tiempo, dice él, para que el Bitcoin siga su ascenso y llegue a los 80,000 dólares, siempre y cuando el entorno macroeconómico nos dé una pequeña tregua, porque si no, se nos podría joder el coro.
Y para colmo, tenemos el factor político en Estados Unidos, que también le mete su sazón a este sancocho. El mandato de Jerome Powell termina en mayo de 2026, y el mismísimo Trump ya dijo que no lo va a ratificar, y hasta ya tiene su candidato: Kevin Warsh. Esta situación añade una capa más de complejidad a la vaina. Si Powell viene con un discurso restrictivo esta semana, hablando de una inflación persistente por el conflicto en Irán, eso podría, de una vez, provocar una corrección en el precio del Bitcoin. Pero, al mismo tiempo, su influencia a mediano plazo podría empezar a diluirse, porque los inversionistas ya van a estar mirando al próximo en la silla, y se espera que Warsh tenga un perfil más abierto a la expansión económica, lo que sería un empuje bacano para las criptos.
Así que, mi gente, la conferencia de prensa de Powell será la que dicte la pauta. Cada palabra que suelte será como el semáforo que nos dirá si el Bitcoin sigue en verde, pa’ arriba como la espuma, o si nos pone en rojo, para una pequeña pausa. Estaremos al tanto, porque esta vaina de las criptomonedas y la economía global es un relajo que no para nunca, y hay que estar pila para no quedarse atrás.
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