La República Dominicana siempre ha estado de lo más bien con su cacao orgánico, siendo un referente mundial y ganándose un espacio jevi en mercados tan exigentes como Europa y Estados Unidos. Nuestro grano, con su calidad indiscutible, ha logrado meterse en ligas mayores, alcanzando precios premium a pesar de no tener una productividad tan alta como otros. Pero, como en todo ‘coro’, la cosa no se queda quieta, y el mercado internacional está más exigente que nunca, con un sinnúmero de competidores buscando la misma ‘vaina’ que nosotros: el liderazgo.
Según Isidoro de la Rosa, quien preside la Confederación Nacional de Cacaocultores Dominicanos (CONACADO), el Cacao Dominicano se ve ahora con la presión de países como Perú y Ecuador. Estos gigantes, que vienen pegando fuerte en el segmento orgánico y de alta calidad, tienen un as bajo la manga: un respaldo gubernamental e institucional que les facilita un viaje de apoyo para fortalecer su posición. Aquí, aunque somos buenos, esa diferencia de soporte puede hacernos la vida un poco más difícil si no nos ponemos las pilas.
A esta competencia internacional se le suma un desafío más cercano, ¡y de los bravos! El uso de fertilizantes en otros cultivos agrícolas de aquí mismo amenaza con contaminar nuestras plantaciones de cacao, que se esmeran en ser orgánicas. Esto podría significar que, aunque no usemos químicos, nos sancionen en el extranjero, como si los usáramos. ¡Una chercha que nos saldría bien cara!
Otro punto que nos tiene en jaque es el envejecimiento de nuestros productores. La mayoría ya pasó los 60 años, y la verdad es que el sector no logra enganchar a la juventud. Las fincas, muchas con plantas viejas y baja productividad, no lucen como un negocio atractivo para las nuevas generaciones. Por eso, la renovación de estas plantaciones no es solo para mejorar la eficiencia, sino una estrategia para integrar tecnología y crear condiciones que hagan que los jóvenes digan: ‘¡A esa vaina sí le entro!’
La digitalización y la automatización podrían ser la clave para esto, asegura De la Rosa. Si la producción fuera más controlada, con menos dependencia de la mano de obra pesada y con mayor rendimiento, seguro que muchos jóvenes se animarían a echar pa’lante con el cacao. Esto nos permitiría no solo ser más eficientes, sino también cumplir con nuevas regulaciones, como el Reglamento de la UE sobre Deforestación (EUDR), que exige que no haya materia prima ligada a la destrucción de bosques. ¡Hay que estar ready!
Para cumplir con estas exigencias, una gran cantidad de productores ya está en proceso de certificación y se ha tenido que invertir un viaje de dinero en la georreferenciación de las fincas. Según la noticia, estamos hablando de más de 20 millones de pesos para unos 5,000 productores. Esta trazabilidad es crucial, ya que el 50% de nuestro cacao se va para Europa y el otro 50% para Estados Unidos. Y no solo eso, la falta de títulos de propiedad de las tierras complica aún más este proceso, porque aunque la finca esté georreferenciada, su situación legal puede seguir en el aire.
Pero la cosa no para ahí. Después de la cosecha, el manejo del cacao es tan importante como el cultivo mismo. Procesos como la fermentación y el secado requieren infraestructura, recursos y, sobre todo, mano de obra capacitada, que cada vez es más escasa en el campo. Si estos pasos no se hacen bien, un cacao de altísima calidad puede perder sus propiedades, y eso sí que sería una pena.
Frente a estos retos, el gremialista de CONACADO propone la mecanización y automatización de parte de estos procesos. Sin embargo, estas inversiones son bien caras y tardan un buen rato en recuperar lo invertido. Por eso, hace un llamado a la banca, incluyendo al Banco Agrícola, para que se involucre más. A pesar de los significativos financiamientos al sector, que superaron los RD$80,500 millones entre 2019 y 2025, con RD$12,978 millones el año pasado, los recursos aún se quedan cortos para las grandes necesidades del sector. La esperanza está puesta en proyectos de financiamiento internacional que se esperan para el próximo año, con montos que podrían superar los 600 millones de dólares, lo cual es tremendo si se compara con los más de 690 millones de dólares que exportamos el año pasado.
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