La reciente carta abierta dirigida al Presidente Luis Abinader Corona ha puesto de manifiesto un sentir que, aunque latente, cada vez más dominicanos en el exterior expresan con frustración: la percepción de que la diáspora ha sido usada y luego olvidada. Esta misiva, que brota desde lo más profundo de la ‘tierra del patio’ allá en New York, es un grito ‘en el aire’ de desilusión. Se denuncia un patrón preocupante: se valora la diáspora por sus remesas, por su apoyo político y por la imagen que proyecta, pero sus demandas y necesidades son archivadas sin miramientos. La ‘Voz del pueblo’, la de aquellos que sostienen la economía y el tejido social dominicano desde lejos, parece ser silenciada o, peor aún, ignorada a conveniencia. Es un ‘klk’ que tiene a muchos ‘jartos’.
Históricamente, los dominicanos residentes fuera del país han sido un pilar fundamental para la nación. Las remesas que envían no son solo cifras en el Banco Central; son el sustento de miles de familias, la base para pequeños negocios, y una inyección vital que mantiene a flote la economía dominicana. Además, nuestra gente en el exterior ha sido embajadora de la cultura, promoviendo nuestra música, gastronomía y ese ‘tigueraje’ tan particular que nos identifica. Siempre han estado presentes en los momentos difíciles, enviando ayuda y levantando la bandera, sin importar la distancia. Sin embargo, este aporte invaluable no se ha traducido en una representación o atención real por parte de las autoridades, generando una brecha de confianza que se acrecienta con cada promesa incumplida.
La alarma de una posible ‘ley mordaza’, camuflada bajo el pretexto de regulación, ha encendido aún más los ánimos. En un país que ha luchado por la libertad de expresión, cualquier intento de coartar la crítica al poder evoca fantasmas del pasado. Las leyes contra la injuria y difamación ya existen; ¿qué necesidad hay de implementar una nueva que pudiera usarse para acallar voces disidentes? Esto no es un ‘chulo’ ni ‘bacano’. La democracia se fortalece con el debate y la rendición de cuentas, no silenciando a quienes denuncian irregularidades o exigen el cumplimiento de lo pactado. El temor es que se pretenda deslegitimar cualquier crítica, tildándola de ataque personal para así evitar el escrutinio público de la ‘vaina’.
Es irónico recordar cómo el propio Presidente Abinader, durante su tiempo como opositor, se erigió como un adalid de la libre expresión. Recorrió el país y la diáspora, denunciando la corrupción y los abusos de poder de administraciones anteriores, ganándose el apoyo popular precisamente por su libertad para criticar y proponer un cambio. Aquella ‘chercha’ de denuncias le abrió las puertas de la Presidencia. Hoy, la misma herramienta que lo catapultó al poder parece convertirse en una molestia cuando las críticas van dirigidas a su gestión. Este giro en la percepción de la crítica es lo que muchos no entienden y lo que provoca la sensación de burla y abandono. No se puede pedir silencio a quienes se les prometió un cambio y luego se les ha fallado.
El mensaje de la diáspora es claro: no se dejarán callar. La ‘Voz del pueblo’ no se compra ni se negocia. La lección del pasado enseña que la libertad de expresión es un pilar inquebrantable de la democracia dominicana y que cualquier intento de limitarla solo generará mayor resistencia y descontento. El respeto a los dominicanos en el exterior debe ir más allá de las fotografías y los discursos vacíos; debe traducirse en acciones concretas y en el cumplimiento de las promesas. Ignorar este llamado a la responsabilidad solo profundizará la desconfianza y el alejamiento de una parte esencial de la República Dominicana.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



