En Sabana Perdida los ratones “parecen hombres”

Ver pasar un camión recolector de basura en Sabana Perdida es casi un lujo. Mientras tanto, las plagas -ratones, cucarachas, mosquitos y hasta chinches- se han convertido en vecinas permanentes.

Por años, los residentes aseguran que no les queda de otra que dañar el ecosistema. “Aquí estamos muy falla (falta) de lo que es el ayuntamiento. Aquí la basura no se recoge, las personas tienen que verse en la obligación de llevarla al final de la cañada para que pueda ser evacuada hacia el río”, confesó Marcelino Cabrera, residente del sector Respaldo Lotería, para la serie especial Hoy en tu Barrio.

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Comunitarios de Sabana Perdida queman basura al lado de una casa. Foto/Alexis Monegro.

Aunque admite que “eso no es debido, el medioambiente eso le hace daño”, Marcelino lamenta que vivir dignamente en el sector es casi un sueño: “Aquí no hay forma de uno decir: voy a vivir una vida adecuada, cómoda”.

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Marcelino Cabrera, residente de Sabana Perdida. Foto/Alexis Monegro.

La cañada: el basurero y balneario de los niños

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La cañada de Sabana Perdida. Foto/Alexis Monegro.

Los comunitarios dicen que la cañada lleva al menos ocho años sin concluir. “Tenemos una cañada ahí al final que no termina de culminar”, explicó Cabrera. Según él, faltan al menos 100 metros de canalización.

“La hemos tapado nosotros mismos, pedazo por pedazo, y otra parte la hizo el ayuntamiento cuando estuvo René Polanco”, contó.

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Niño tira basura en la cañada de Sabana Perdida. Foto/Alexis Monegro.

El mal olor y la insalubridad son el pan de cada día. “Mira, yo vivo ahí mismo cerca, mi habitación está ahí mismo, y ese olor me repugna demasiado”, relató Carlos Adrián Alcántara, quien asegura que cuando la cañada se tapa, el hedor se vuelve insoportable.

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Pero lo más preocupante es que, en medio de toda esa contaminación, los niños han hecho del lugar su “río”. “Ese es el río de ellos”, dice Alcántara con resignación.

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Carlos Adrián Alcántara vive al lado de la cañada. Foto/Alexis Monegro.

Un plan que nunca funcionó

Los vecinos intentaron organizarse junto al ayuntamiento para sacar la basura un día fijo a la semana, pero las autoridades nunca llegaron. “No vinieron nunca. La basura la amontonamos ahí porque le hace daño al medioambiente, pero ellos no están en eso”, expresó Vicente Roque, otro residente del sector.

Enfermedades, plagas y resignación

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Cañada de Sabana Perdida. Foto/Alexis Monegro.

La basura acumulada no solo contamina, también enferma. Los niños son los más afectados.

“Nosotros estamos vivos porque existe Dios”, dice Vicente, asegurando que en su zona hay de todo: mosquitos que no los dejan dormir, «ratones que parecen hombres» y un constante temor a enfermedades como el dengue.

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Ventura Nolasco, otro residente, lo resume entre ironía y tristeza: “Aquí hay mosquitos que parecen hombres. Yo tengo un pollo aquí que no le compro comida, él sale y se alimenta de cucarachas y alimañas, y tú lo ves gordo. Yo no le compro un grano de maíz”, dice, refriéndose a las constantes plagas con las que tienen que convivir.

Lo que piden los comunitarios de Sabana Perdida

Los comunitarios claman por algo básico: que el ayuntamiento recoja la basura y termine la canalización de la cañada.

Solo así -dicen- dejarían de lanzar los desechos al río Ozama y podrían, al fin, vivir con dignidad.

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