¡Klk, mi gente! Aquí en el patio, y en la diáspora, estamos ‘montao” con la noticia de que un ‘tigre’ de pura cepa dominicana está a punto de hacer historia. Nos referimos a Yaxel Lendeborg, cuyo nombre ya es un ‘vainazo’ que resuena con fuerza en el baloncesto universitario gringo, y más aún, entre todos los que seguimos a los nuestros destacándose a nivel internacional. Este joven, que nació en Puerto Rico pero lleva la sangre dominicana corriendo por las venas gracias a su padre, Okary Lendeborg —un palo del baloncesto superior de aquí—, está en la gran final de la NCAA, y eso es motivo de orgullo ‘bacano’ para todos nosotros.
La trayectoria de Yaxel no ha sido la típica, de esas que vienen con alfombra roja desde que uno es un ‘mocoso’. Él se la ha fajado, pasando por Arizona Western y UAB, donde se convirtió en una verdadera sensación. Allí demostró ser un jugador completo, con una combinación brutal de tamaño, versatilidad y una producción que dejó a medio mundo con la boca abierta. No por gusto fue dos veces selección All-AAC y dos veces Jugador Defensivo del Año en su conferencia. De hecho, en una temporada firmó números tan ‘jevis’ que solo Larry Bird lo había logrado en la División I de la NCAA: más de 600 puntos, 400 rebotes y 150 asistencias. ¡Un auténtico ‘showman’ en la cancha!
Su llegada a Michigan, con los Wolverines, fue un cambio de juego inmediato. Yaxel no vino a calentar la banca; llegó a dejar su huella de una vez. Fue nombrado Jugador del Año del Big Ten en 2026, integró el primer equipo All-American de consenso, y ha sido la pieza central que llevó a su equipo a la gran final. Este ‘tigueraje’ en la duela lo llevó a ser reconocido como el Jugador Más Valioso de la Región Midwest en esta postemporada, lo que refleja el peso gigantesco que tiene en el éxito de su escuadra. Es un ejemplo palpable de cómo el talento dominicano, cuando se le pone empeño, puede romper barreras y brillar a lo grande.
La historia de Yaxel, y la de su padre Okary, nos conecta con una rica tradición de baloncestistas dominicanos que han buscado y encontrado su camino, tanto aquí como en el extranjero. Desde Al Horford hasta Karl-Anthony Towns, el baloncesto ha sido un estandarte para nuestra diáspora, y Yaxel viene a sumarse a esa lista con un ímpetu que da gusto. Su participación en la Selección Nacional en 2022, aunque fuera un partido de exhibición, ya demostraba su compromiso y amor por la bandera, un sentimiento que lo hace aún más grande a los ojos del dominicano. Es la ‘sangre pura’ que se impone, con talento y dedicación, de lo más bien.
Ver a Yaxel Lendeborg en un escenario tan importante como la final de la NCAA es un ‘coro’ que nos llena de alegría y esperanza. Demuestra que con perseverancia y ‘picardía’ dominicana, se puede llegar tan lejos como uno se proponga. Su futuro en el baloncesto profesional, incluso la NBA, luce ‘bacano’, pero por ahora, estamos enfocados en apoyarlo en esta final. Este es un momento histórico para el baloncesto dominicano, y Yaxel está poniendo el nombre de nuestra tierra en el mapa, ¡con to’ y to’! Su historia es un recordatorio de que somos un país de gente echá’ pa’ lante, que no se quita por nada. ¡A seguirlo!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




