La situación de la niñez dominicana se ha vuelto una vaina seria, y es que un coro de expertos en políticas sociales y Trabajo Social ha soltado una alerta que no podemos ignorar. Dicen, y con razón, que si no le metemos mano de verdad a medidas estructurales para priorizar a nuestros muchachos y muchachas, el desarrollo de nuestra patria se podría ir al garete. Es una advertencia que toca la fibra, porque estamos hablando del presente y el futuro de la República Dominicana, y no hay tiempo para relajo.
Esta preocupación no viene de la nada. Los especialistas, reunidos en un panel en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucmm), identificaron un viaje de factores que están profundizando las brechas sociales para la infancia. Hablamos de la pobreza que arropa a un sector, la desigualdad galopante y la debilidad en los servicios públicos, vainas que lamentablemente conocemos bien aquí en el patio. Además, se sumaron los cambios demográficos, la digitalización, las crisis económicas, y hasta el impacto del cambio climático, que están creando un panorama bien complejo para nuestros pequeños y adolescentes.
Lo que más choca es que, aunque el 40% de nuestra población tiene menos de 18 años, la planificación del desarrollo nacional hacia el 2036 no lo refleja con la claridad y la prioridad que se amerita. Esto es como construir una casa sin pensar en los cimientos; si no invertimos en la base, que son nuestros niños y adolescentes, ¿cómo esperamos que la estructura se mantenga sólida? Es fundamental entender que cada peso y cada esfuerzo invertido en ellos hoy, es un ahorro y una ganancia para el mañana del país, impulsando un crecimiento más equitativo y robusto.
Carlos Carrera, el representante de Unicef aquí, lo puso de lo más claro: “El desarrollo sostenible no es posible si no colocamos a la infancia en el centro de las políticas públicas.” O sea, que no hay forma de echar pa’lante como nación si no nos enfocamos en los que vienen subiendo. Asegún los expertos, aunque un 70% de las políticas sociales actuales medio se alinean con las prioridades de la niñez, hay un 30% que todavía está flojo, lo que indica que tenemos que apretar el paso y hacer que este enfoque sea transversal en todo lo que se haga desde el Gobierno.
El papel del Trabajo Social en todo esto es bacano y esencial. Alejandro López, presidente de Adoptrasoc, enfatizó que son los trabajadores sociales quienes actúan como el puente vital entre las políticas públicas y las familias en los barrios, asegurando que esos derechos lleguen a quienes más los necesitan. Fortalecer estos servicios públicos no es un lujo, es una necesidad imperante para romper los ciclos viciosos de pobreza y exclusión que, como una goma pinchada, frenan el avance de tantos niños y jóvenes en nuestros campos y ciudades. Es una inversión social que rinde frutos a largo plazo, consolidando la estabilidad y el progreso de la sociedad dominicana.
En definitiva, esta es una llamada de atención para toda la sociedad dominicana. Desde las altas esferas del Gobierno hasta cada familia en el rincón más apartado del país, todos tenemos la responsabilidad de asegurar que la infancia y la adolescencia crezcan con las oportunidades que merecen. La inversión en ellos no es un gasto, es la piedra angular para un futuro próspero, con menos desigualdades y más esperanza para todos. Es hora de dejar el relajo y meterle mano con estrategia y corazón.
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