¡Aquí no se duerme! En la calle Almirante Caña de Santo Domingo Este, la paciencia se acabó. Hartos de un hoyerío que parecía no tener fin y del abandono de las autoridades, los vecinos resuelven con sus propias manos y recursos lo que el Estado no hacía en más de una década. Este ‘tigueraje’ comunitario es un claro ejemplo de cómo la gente del patio se activa cuando la ‘vaina’ se pone fea y el gobierno mira para otro lado.
La situación en Almirante Caña no es un caso aislado, ¡para nada! Es un reflejo de lo que se vive en un viaje de barrios a nivel nacional, donde la infraestructura vial es un ‘dolor de cabeza’ constante. El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y los ayuntamientos, que deberían ser los primeros en responder, a menudo brillan por su ausencia, dejando a las comunidades a su suerte. Este patrón de desidia es una ‘papa caliente’ que pasa de una administración a otra sin una solución definitiva, y al final, la gente es la que paga los platos rotos.
Lejos de sentarse a lamentar, estos valientes comunitarios se organizaron de una vez. Se metieron en un ‘coro’ para recolectar fondos, como buenos dominicanos que somos, y con esa colecta compraron arena, cemento y grava. No solo eso, consiguieron un camión para limpiar el filtrante, asegurándose de que el agua de lluvia no se estancara y los dejara ‘ahogándose’ en cada aguacero. Es una solución temporal, sí, pero demuestra una voluntad y una capacidad de gestión que muchos funcionarios podrían envidiar.
Esta iniciativa de los residentes de Almirante Caña nos deja pensando, ¿hasta cuándo la gente tendrá que costear servicios que le corresponden al Estado? Este tipo de acciones, aunque admirables, ponen en evidencia una deficiencia crónica en la gestión pública y una falta de priorización de las necesidades básicas de la población. Cuando los ciudadanos tienen que asumir roles gubernamentales, es un claro indicativo de que algo no anda bien en el sistema. Es una señal de alarma para todas las autoridades, desde el ayuntamiento hasta la Presidencia, para que pongan oído y resuelvan la situación.
La reparación de la calle Almirante Caña, impulsada por sus propios habitantes, no solo mejora momentáneamente la calidad de vida de ese sector, sino que envía un mensaje potente. Es un grito de ‘¡Ya basta!’ al abandono y una demostración de que la unión comunitaria es una fuerza imparable. Esperemos que este ejemplo sirva para que las instituciones responsables despierten y ofrezcan soluciones duraderas, porque la gente se merece más que ‘paliativos’ pagados de su propio bolsillo. Hay que meterle mano a esta vaina de una vez por todas. Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




