“¿Es la IA rentable ya?” es la pregunta que mucha gente se hace en estos días, y una web chulísima, ‘Is AI Profitable Yet?’, ha salido al ruedo para darnos una respuesta en tiempo real. La vaina es que, a primera vista, la cosa no luce muy prometedora para los pesos pesados que están dándole cabeza a los modelos frontera. Estamos hablando de gigantes como Google, Amazon, Microsoft y Meta, que, según los gráficos, están quemando efectivo como si no hubiera un mañana. Para el ‘tigueraje’ de a pie, esto podría parecer un disparate, una señal de que la rentabilidad de la IA es un sueño lejano. Pero, ¡ojo!, que la historia tiene más matices de los que parece.
Lo que vemos en esas barras rojas kilométricas no es necesariamente una pérdida sin sentido, sino una inversión agresiva, un “capex” monumental, como le llaman los que saben de economía. Estas Big Tech están metiéndole un viaje de cuarto a la infraestructura, a los centros de datos y a la investigación en IA, apostando a un futuro donde la inteligencia artificial será el pan nuestro de cada día. Piensen en los inicios de Amazon, que estuvo años perdiendo dinero a manos llenas para luego convertirse en el monstruo que es hoy. O Uber, que durante una década operó en rojo, pero sentó las bases de un servicio que cambió el transporte mundial. Aquí la jugada no es que el modelo económico no funcione, sino que están invirtiendo a largo plazo para asegurar su posición en el mercado global.
Pero la verdad verdadera es que, mientras los desarrolladores de modelos de IA están en modo “inversión intensa”, hay un ‘coro’ de empresas que sí la están pegando con esta fiebre. La situación es idéntica a la Fiebre del Oro de California, donde los que se hicieron ricos de verdad no fueron los mineros que escarbaban, sino los que les vendían palas, picos y jeans resistentes. En el panorama actual de la IA, Nvidia es el ejemplo más bacano, vendiendo las GPUs que son el motor de todo este desarrollo. Su crecimiento en la bolsa ha sido una cosa de locos, convirtiéndola en una de las empresas más valiosas del mundo en un tiempo récord. Han sabido capitalizar la necesidad de hardware para el entrenamiento y la inferencia de modelos.
Y no solo Nvidia está gozando esta ‘chercha’. Los fabricantes de memorias, como Micron, SK Hynix y Samsung, también están viendo cómo sus acciones suben como la espuma, gracias a la demanda insaciable de componentes para servidores de IA de alto rendimiento. Lo mismo pasa con los proveedores de equipos de fotolitografía, como ASML y Applied Materials, que son esenciales para la fabricación de chips avanzados. No podemos olvidar a las empresas de refrigeración líquida, las eléctricas que sustentan los data centers masivos y, por supuesto, los constructores especializados en estas infraestructuras titánicas. Es decir, la cadena de valor de la IA es mucho más amplia y está generando beneficios jugosos, solo que no siempre en los sitios que la gente espera o en los que la famosa web nos muestra de forma tan directa.
Al final del día, lo que Mark Zuckerberg dijo hace unos meses resuena duro: ‘Es mejor perder unos cuantos cientos de miles de millones de dólares que quedarnos atrás en la carrera por la superinteligencia’. Esta mentalidad de “apostar el todo por el todo” define el momento actual en el que la IA está transformando industrias completas. Aunque Anthropic parece que va a ser de las primeras empresas de IA pura en ver ganancias sostenidas, lo cierto es que la rentabilidad de la IA ya es una realidad tangible, pero está más bien en la base, en los cimientos que hacen posible toda esta revolución tecnológica. Simplemente hay que mirar un poco más allá de los titulares y entender cómo es que se mueve este ‘tigueraje’ tecnológico para encontrar los verdaderos ganadores.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



