¡Klk gente! La Oficina Nacional de Estadística (ONE) nos ha soltado unos números que dan qué pensar, una vaina bien seria. Resulta que un 33.1% de nuestras mujeres dominicanas, entre 18 y 49 años, se unieron por primera vez antes de cumplir los 18, y un 11.3% lo hizo incluso antes de los 15. Estos datos, de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR-MICS 2025), revelan que las uniones tempranas siguen siendo un desafío latente en nuestro país, impactando el desarrollo y las oportunidades de un viaje de muchachas.
Asegún el informe, aunque hemos visto una baja en las generaciones más jóvenes —por ejemplo, entre las de 20 a 24 años, el porcentaje de uniones antes de los 18 es del 27.6%—, la realidad es que el fenómeno no desaparece. Históricamente, en la República Dominicana, las uniones a temprana edad, a menudo formalizadas o no, estaban ligadas a patrones culturales y económicos, donde las familias en zonas rurales o de escasos recursos veían estas uniones como una forma de ‘asegurar’ el futuro de sus hijas, aunque eso les costara su niñez y adolescencia.
Si nos vamos por las regiones, la cosa se pone más ‘cruda’ en algunos puntos. Enriquillo, por ejemplo, se lleva la peor parte con un 17.2% de mujeres unidas antes de los 15 años. Le siguen de cerca el Cibao Noroeste y El Valle, con cifras que también preocupan ‘un viaje’. Este patrón regional sugiere que factores como la falta de acceso a la educación de calidad, oportunidades laborales limitadas y la persistencia de tradiciones más arraigadas en estas áreas contribuyen a que nuestras jóvenes sigan cayendo en estas dinámicas de manera desproporcionada.
La ENHOGAR-MICS 2025 también pinta un cuadro claro sobre las diferencias socioeconómicas. Las adolescentes de 15 a 19 años que viven en zonas rurales tienen una prevalencia de uniones del 15%, frente al 11% en las urbanas. Y ni hablar de la educación: el 25.6% de quienes solo llegaron a primaria están unidas, comparado con un mísero 5.7% de las universitarias. Esto no es casualidad; la pobreza empuja a un sinnúmero de jóvenes a buscar estabilidad, aunque esta venga a costa de su libertad y de su futuro, una ‘vaina’ que rompe el alma.
Aunque la Ley 1-21 eliminó las excepciones legales que permitían el matrimonio infantil, la realidad es que las uniones tempranas y las relaciones entre adultos y adolescentes persisten. Esto compromete ‘de una vez’ el desarrollo integral de las muchachas, limitando su acceso a la educación, exponiéndolas a embarazos prematuros, y a menudo, llevándolas al aislamiento social. Es una ‘vaina’ que las deja con escasas oportunidades laborales, perpetuando así un ciclo de pobreza de género que no le conviene a nadie, ni a ellas ni al país entero.
Es fundamental que como sociedad dominicana, entendamos que combatir las uniones tempranas es una inversión en nuestro futuro. No se trata solo de números, sino de la vida de nuestras muchachas, de su derecho a soñar, a estudiar, a elegir su propio camino. Es una responsabilidad colectiva seguir trabajando para que cada niña tenga la oportunidad de crecer plena y desarrollarse a su máximo potencial, y no que tenga que empezar una vida de adulta cuando aún es una ‘chamaca’. ¡Hay que ‘meterle mano’ a eso!
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