¡Ay, mi gente! La periodista Dannira Caminero ha puesto el dedo en la llaga, y con toda la razón del mundo. A ella le da con el alma ver cómo, según sus cálculos, desde 2021 hasta 2026, el Gobierno ha manejado presupuestos que suman la friolera de casi 8 Billones de pesos. ¡Un viaje de cuartos! Y la verdad del caso es que, a pesar de esa masa de dinero, la República Dominicana sigue de capa caída, con el pueblo apretando y sin ver que el país le eche pa’lante en cosas básicas como los servicios públicos y la solución a problemas de siempre. La inopia y la carestía son el pan de cada día, y eso, según Caminero, no es posible en un país con tantas riquezas.
Ese dineral, desglosado por la misma Caminero, parece un cuento de nunca acabar: más de un billón cada año, llegando a casi dos billones solo para este 2026. Con esa pila de billetes, uno esperaría que la situación de los dominicanos estuviera de lo más bien. Sin embargo, ¿dónde se refleja esa inversión? Las calles siguen con sus hoyos, los apagones son una rutina y la salud pública, ¡ni hablar! La gente del barrio, el dominicano de a pie, no siente que esos fondos se estén traduciendo en una vida más digna. Es una verdad que nos golpea: los números están ahí, pero el bienestar colectivo no aparece por ningún lado.
La preocupación de Caminero se extiende al silencio de las autoridades ante las lluvias torrenciales que con regularidad nos dejan bajo el agua. Es una ‘vaina’ recurrente: cada vez que llueve un chin fuerte, las ciudades se vuelven un mar. Los elevados y pasos a desnivel, que se supone son para mejorar el tránsito, se convierten en trampas, y los sistemas de drenaje brillan por su ausencia o simplemente no dan abasto. Esto es una muestra clara de la falta de mantenimiento y planificación que, según la periodista, es el resultado directo de una gestión que no prioriza la calidad de vida de su gente.
Este patrón de grandes gastos presupuestarios con poco impacto visible no es un fenómeno nuevo, pero se acentúa en momentos de crisis o desastres naturales. La falta de rendición de cuentas y la opacidad en el manejo de estos fondos siembran una desconfianza tremenda en la población. Es como si el ‘tigueraje’ de la burocracia se comiera una gran parte, y al pueblo le llegara solo las migajas. Asegún muchos, si el Gobierno priorizara la inversión en infraestructura resiliente, educación de calidad y un sistema de salud robusto, con esos 8 Billones ya estuviéramos alante, no atrasados.
La crítica de Dannira Caminero no es pesimista, es una realidad palpable que vive cada dominicano cuando sale a la calle. ¿Cómo es posible que con tanto dinero el país no avance? La desigualdad social se agudiza, la miseria se ve a ojos vista y, lo que es peor, la esperanza se va diluyendo entre la gente. Es un sentir generalizado que las autoridades no dan la cara de una vez cuando el pueblo más las necesita, creando un vacío de liderazgo y dejando a la ciudadanía con la sensación de que, al final, nadie les importa.
Este escenario nos llama a reflexionar sobre la importancia de una supervisión rigurosa de los fondos públicos y una mayor transparencia en su ejecución. La República Dominicana es una nación rica en recursos naturales y talento humano, y no es justo que la falta de gestión eficiente y el desinterés por los problemas de la gente sigan siendo un lastre. Es hora de que el ‘coro’ de las autoridades se enfoque en soluciones reales y duraderas, para que esos presupuestos mastodónticos se traduzcan en el verdadero progreso que tanto anhelamos. ¡Es la hora de que el país eche pa’lante de verdad!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




