La República Dominicana se ha despertado con otra ‘vaina’ que nos tiene a todos con el ‘tigueraje’ encendido. El caso del coronel Fausto Madé Ramírez, que agredió brutalmente a una adolescente de 16 años y la abandonó en una calle solitaria, es un nuevo recordatorio de que el **Abuso Policial** sigue siendo un mal endémico en nuestras instituciones. Este episodio, que ha sacudido las redes sociales y el corazón de la gente del patio, no es un hecho aislado, sino la punta del iceberg de una problemática que clama por una ‘mano dura’ real y por la rendición de cuentas de aquellos que, vistiendo el uniforme, traicionan la confianza ciudadana. El juez ya le dictó tres meses de prisión preventiva, pero la herida va más allá.
Asegún los detalles que han salido a la luz, todo comenzó pasadas las dos de la mañana en Los Mina, un sector ‘jevi’ pero a veces convulso. Una simple salida de una discoteca se transformó en una pesadilla para la menor, su hermana y un joven que las acompañaba. La ‘guagua’ estacionada se convirtió en el escenario de la hostilidad. Lo que debió ser una interacción rutinaria se descontroló cuando un agente rayó el vehículo con un objeto punzante, la vaina del casco de botella, demostrando una actitud vandálica que es inaceptable en cualquier circunstancia, y mucho más viniendo de quien debe proteger.
La situación escaló de una vez cuando la hermana de la víctima comenzó a grabar con su celular, una acción cada vez más común y necesaria para documentar los atropellos. Fue entonces cuando el coronel Madé Ramírez salió de la patrulla como un ‘abusador’, rastrilló su arma y se fue directo a la muchacha de 16 años. La agresión, que incluyó un codazo, golpes con su escopeta de reglamento, y la salvaje acción de tomarla del pelo y lanzarla al suelo, dejó a la jovencita con heridas en las rodillas y contusiones en la cabeza. Los policías que lo acompañaban se quedaron mirando, sin intervenir, una señal preocupante de la complicidad y el miedo que puede reinar en esos ‘coros’ de patrullas.
La indignación del pueblo dominicano se aviva aún más al saber que, tras no lograr arrebatarle el celular a la hermana, el coronel volvió a agarrar a la adolescente por el cabello, vociferando con una arrogancia que da escalofrío: ‘ahora no hay cámara’. Luego, la subieron a la patrulla para abandonarla en una ‘calle solitaria’, dándole la humillante orden de ‘suelten a esa loca’. Este ‘modus operandi’ de dejar a las víctimas a su suerte en la oscuridad no solo es inhumano sino que busca borrar la evidencia y silenciar cualquier posible reclamo. El ‘tigueraje’ de los agentes dando vueltas para amedrentar a testigos es la cereza del pastel de esta triste ‘vaina’.
Este caso pone en relieve la importancia de la vigilancia ciudadana y la documentación de los hechos. En un país donde la percepción de impunidad es alta, el hecho de que el coronel ya esté en prisión preventiva es un paso, aunque pequeño, hacia la justicia. Sin embargo, no podemos conformarnos. La sociedad dominicana debe exigir una reforma profunda dentro de la Policía Nacional, donde el respeto a los derechos humanos y la capacitación ética sean pilares fundamentales. No es posible que aquellos que juraron proteger y servir, se conviertan en los principales victimarios. La confianza entre la ciudadanía y sus fuerzas del orden es crucial para la estabilidad y el desarrollo de nuestra nación, y acciones como estas la destruyen ‘de una vez’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




