El 8 de abril de 2025 no fue un lunes cualquiera en la República Dominicana; fue una fecha que marcó a la nación con una herida profunda. La caída del techo del Jet Set, mientras el merenguero Rubby Pérez animaba la fiesta, transformó la alegría en un grito de dolor colectivo. La tragedia del Jet Set no solo cobró la vida de 236 almas y dejó más de 180 heridos, sino que dejó a un país entero en ‘shock’, una cicatriz que, un año después, sigue abierta y clamando por respuestas.
La magnitud de la ‘vaina’ movilizó a un ‘viaje de’ gente ‘de una vez’: desde el 9-1-1 recibiendo más de cien llamadas, hasta el mismo presidente Luis Abinader, quien se trasladó al lugar del desastre. Ambulancias, bomberos, vehículos pesados y un ejército de socorristas, incluyendo equipos de Puerto Rico y la comunidad judía mexicana, se fajaron para rescatar a los afectados de entre los escombros. La discoteca más emblemática del país se convirtió en ruinas, y la imagen de familiares en los hospitales y en el Inacif, buscando desesperadamente a sus seres queridos, fue un ‘desgarramiento’ que difícilmente se olvida.
Detrás de cada estadística hay historias que parten el alma. Familias enteras, como los Severino Gómez, perdieron a sus tres hijos —Darianny, Diego y Marianny— en esa noche funesta. Su futuro se esfumó en ‘tres horas’, un golpe que nadie se lo desea, según relató su padre Carlos. El matrimonio de Manny Arisleydi Díaz Patricio y Agustín René Méndez Suberví dejó a tres hijos huérfanos, y el hermano de Manny, Lenin, sufrió secuelas físicas y emocionales serias. Estos relatos nos recuerdan que la tragedia no es solo un número; es gente de carne y hueso, con sueños y planes que quedaron sepultados bajo el concreto.
La ‘vaina’ judicial comenzó ‘de una vez’. El 15 de abril de 2025, los familiares del primer teniente Virgilio Rafael Cruz Aponte interpusieron la primera querella por homicidio involuntario contra Antonio Espaillat, su madre Ana Grecia López y la empresa Inversiones E y L. Pero la demanda no solo apuntó a los dueños; también incluyó al Estado dominicano y la Alcaldía del Distrito Nacional por una supuesta negligencia en la supervisión del local. La gente quería respuestas y que se hiciera justicia, porque ‘no era posible’ que un lugar tan concurrido presentara un deterioro estructural tan grave sin que las autoridades se percataran.
Las declaraciones de Antonio Espaillat en una entrevista con Edith Febles destaparon ‘un viaje de’ detalles, explicando que los plafones de yeso solían caer por acumulación de agua de los aires acondicionados, pero que no lo consideraban un riesgo. Sin embargo, en junio, un empleado y víctima, Gregory Adames, ‘se fajó’ y denunció ante el Ministerio Público que había advertido a los Espaillat sobre el deterioro del techo y había sugerido cancelar la fiesta. Esta confesión fue crucial, pues evidenció que ‘había algo raro’ ahí, una posible negligencia que, de haberse evitado, habría impedido la tragedia.
Posteriormente, los hermanos Antonio y Maribel Espaillat fueron arrestados, aunque salieron bajo fianza de 50 millones de pesos. Siete meses después, el Ministerio Público presentó una acusación formal, revelando un ‘tigueraje’ estructural impresionante: el techo en mal estado por 14 años, la capacidad duplicada con 17 instalaciones nuevas —como casetas, ductos y tinacos— y, ‘lo más grave’, una columna clave eliminada sin supervisión profesional ni permisos. Imagínense, una modificación que afectó la estabilidad del techo ‘sin ninguna evaluación’, ¡qué ‘atrevimiento’!
El juicio preliminar, que inició el 12 de enero de este año, ha sido un ‘dolor de cabeza’ con ‘un viaje de’ aplazamientos. Aunque muchas familias han desistido del largo proceso, todavía quedan 60 querellas firmes. Los afectados no se han quedado callados; han sacado la lucha a la calle con marchas al Palacio Nacional y concentraciones en diversas localidades, con el respaldo de la ciudadanía. A un año del desplome, la herida sigue abierta, el clamor de justicia es fuerte y la gente quiere que ‘la vaina se resuelva’. Este suceso marcó un antes y un después en la memoria dominicana, recordándonos la importancia de la seguridad y la rendición de cuentas.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




