La comunidad de Las 800, ubicada en el corazón de Los Ríos, Distrito Nacional, vuelve a vivir una ‘vaina’ bien dura, tras las recientes lluvias torrenciales que azotaron el Gran Santo Domingo. Es una historia que se repite, como si el destino tuviera un coro con la desgracia para esta gente trabajadora. Vehículos arrastrados como si fueran de juguete, viviendas devastadas y el lodo que lo cubre todo, dejando a muchos con el alma en un hilo y la necesidad de empezar ‘de cero’ una vez más. Esto nos pone a pensar qué ‘klk’ está pasando con la planificación urbana.
El panorama es de esos que te rompen el corazón, un verdadero desastre que te deja el moño tieso. Mientras las autoridades, ‘asegún’ el presidente de la Junta de Vecinos, Moreta Villegas, han estado dándose la vuelta con ayudas como comida y colchones, la realidad en las calles es otra. La Dirección de Infraestructura Escolar, por ejemplo, está en el coro reparando la escuela República de Costa Rica, lo cual está ‘bacano’, pero el ‘tigueraje’ en el barrio dice que la ayuda no está llegando a quienes de verdad la necesitan. Es un ‘coro’ que siempre se oye en estos casos.
Y es que la ‘vaina’ con Las 800 no es nueva. Esta zona, como muchas en nuestro Santo Domingo, se levantó a la orilla de una cañada, lo que la hace sumamente vulnerable a cada chaparrón. La falta de drenaje pluvial adecuado, la construcción informal en zonas de riesgo y la indiferencia de años frente a estas realidades urbanas son un cóctel explosivo. Las promesas de soluciones definitivas suelen quedarse en el aire, como ‘humo’ de cocina, dejando a los residentes con la eterna pregunta de si algún día ‘estarán de lo más bien’ sin este temor encima.
La preocupación más grande entre los afectados es que la ayuda, que sí llega en ‘un viaje de’ ocasiones, no se distribuye con equidad. Se oye en cada esquina el cuento de que un ‘grupito’ se queda con lo mejor o que los favores políticos tienen más peso que la necesidad real. La señora Susana Severino, que perdió su salón de belleza, un negocio que era su sustento, ‘denunció’ que no ha visto ni un alma ofreciendo un vaso de agua, mientras otros ‘asegún’ están ‘de gratis’ recibiendo un ‘montón de vainas’. Es una situación que genera ‘malestar’ y desconfianza en la comunidad.
A pesar de todo, la resiliencia del dominicano es algo ‘chulo’ de ver. La gente de Las 800, a pesar de haber perdido ‘un viaje de’ cosas, se levanta con un espíritu inquebrantable, limpiando el lodo, ayudándose entre vecinos y buscando la forma de echar ‘pa’lante’. Pero esta ‘chercha’ de vivir con el corazón en la mano cada vez que llueve tiene que acabar. Se necesita una visión a largo plazo, inversión en infraestructura y una voluntad política genuina para transformar estas zonas vulnerables en lugares seguros y dignos para vivir. No podemos seguir con ‘parchos’ cada vez que viene la lluvia.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




