¡Klk, mi gente! En la Zona Oriental, específicamente en la urbanización Mil Flores, sector Los Tres Brazos, la situación está de lo más tensa. Y es que los residentes, en su mayoría adultos mayores que se han fajado toda una vida para tener su casita, están viviendo un verdadero calvario por una oleada de atracos que tiene a todo el mundo con el Jesús en la boca. La seguridad en el barrio se ha vuelto una quimera, una vaina difícil de alcanzar, y es que los delincuentes, ese tigueraje que no respeta ni canas, anda haciendo de las suyas sin que nadie les ponga freno.
La impotencia es palpable. Imagine usted, salir a comprar el pan o ir a la farmacia y tener que estar mirando pa’ todos lados, con el miedo a que un motorista o dos tipos a pie te encañonen y te despojen de lo poco que llevas. Esta preocupación es aún más acentuada para nuestros viejitos, quienes son los más vulnerables y blancos fáciles para estos malhechores, según las denuncias que nos llegan. Asegún ellos, el patrullaje policial es un mito en las horas clave, esas donde la gente está más expuesta: tempranito en la mañana, cuando muchos van a la iglesia o a hacer alguna diligencia, y de noche, cuando se regresa a casa luego del trajín del día.
La Zona Oriental, con su crecimiento vertiginoso en los últimos años, enfrenta desafíos importantes en materia de orden y seguridad pública. El sector Los Tres Brazos, en particular, ha experimentado una expansión demográfica considerable, lo que a menudo viene acompañado de una mayor complejidad social y, lamentablemente, de un aumento en los índices delictivos si las autoridades no refuerzan su presencia y estrategias. No es solo un asunto de falta de policías, es también la necesidad de una planificación urbana y social que anticipe estas problemáticas y no que reaccione cuando la vaina ya está “en candela”.
Los comunitarios de Mil Flores no están pidiendo la luna, solo exigen que la Policía Nacional se active de una vez por todas y establezca operativos de vigilancia efectivos dentro de la urbanización. No se trata solo de pasar por la avenida principal en una guagua policial; lo que quieren es ver a los agentes en las calles internas, caminando, interactuando, disuadiendo a los malhechores. Es un clamor por la tranquilidad que les ha sido arrebatada, por el derecho a vivir sin el temor constante de ser la próxima víctima del “tigueraje” que se ha adueñado de las calles.
Esta situación no es exclusiva de Mil Flores; a nivel nacional, la percepción de inseguridad sigue siendo uno de los mayores dolores de cabeza para la población dominicana. Es un tema que requiere un enfoque integral, que vaya más allá del simple patrullaje. Hablamos de inversión social, educación, oportunidades para la juventud, y un sistema judicial que actúe con celeridad y mano dura contra quienes alteran la paz. Mientras tanto, en Mil Flores, la gente solo espera que las autoridades escuchen su llamado y que el “coro” de la delincuencia se acabe pronto, para que puedan volver a vivir con la paz que tanto se merecen.
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