Los Alcarrizos, esa demarcación que hace poco nos alegró con la expansión del Metro, hoy vive su propio ‘lío’ interno, un verdadero drama de calles intransitables y promesas que se han quedado en el aire. Es una ‘vaina’ ver cómo, mientras por un lado se celebra el progreso en transporte masivo, por el otro, el día a día de sus residentes se convierte en un calvario por las **calles dañadas** que parecen un campo de batalla. Este abandono vial no es cuento; es la cruda realidad que cada motoconchista y cada ‘gente de a pie’ enfrenta, desgastando vehículos y paciencias.
La problemática va más allá del asfalto roto; es un reflejo de una gestión municipal que, según los comunitarios, parece tener los ojos cerrados ante las necesidades más básicas. A lo largo de los años, el clamor por infraestructuras dignas se ha topado con el muro de la inacción. No es solo un tema de baches, es que muchas de estas vías, que son el pulso de los barrios, están tan deterioradas que el paso de cualquier guagua o motorista se convierte en una odisea, afectando la movilidad y el desarrollo económico local, porque ¿quién va a invertir en un sitio donde la logística es un ‘problemon’? Los Alcarrizos, con su energía y su gente trabajadora, merece una respuesta contundente.
Y si hablamos de promesas, el tema del Presupuesto Participativo es de los que más ‘pica’ a la gente. ¿Cómo es posible que varios sectores hayan ganado sus proyectos de aceras, contenes y pavimentación y las obras sigan en el papel, sin arrancar? Esto genera una frustración del ‘demonche’, porque los ciudadanos participan, eligen, y luego ven cómo el dinero que supuestamente está asignado se evapora o se pospone indefinidamente. Esta situación mina la confianza en las instituciones y en el sistema, haciendo que muchos pierdan la fe en que sus voces realmente importan o que los políticos de turno vayan a resolver la situación. Es como si les dieran una ‘chercha’ con el presupuesto.
La falta de iluminación pública es otro ‘clavo’, sumando inseguridad a la lista de pesares. Cuando la noche cae, las calles se vuelven boca de lobo, creando el ambiente perfecto para el ‘tigueraje’ y el relajo. Madres, estudiantes y trabajadores se sienten presos en sus propios hogares, con el temor de salir por la oscuridad reinante. Es inaceptable que en pleno siglo XXI, con los avances tecnológicos disponibles, un municipio tan grande como Los Alcarrizos tenga comunidades con decenas de lámparas dañadas, dejando a la gente a merced de la delincuencia. La oscuridad no solo es peligrosa; también opaca el espíritu comunitario y frena la vida social y económica nocturna.
Por si fuera poco, la gestión de los desechos sólidos es un ‘revoltillo’. Los vertederos improvisados brotan por doquier, afeando el entorno y, lo que es peor, convirtiéndose en focos de insalubridad. Ver montones de basura cerca de centros educativos, como el de Las Piñas, obligando a los niños a arriesgarse en la calle para evitar el foco, es una ‘vergüenza’. Esto no solo atenta contra la salud pública, propiciando enfermedades, sino que también afecta la imagen del municipio y el bienestar de sus habitantes. Es una muestra palpable de la falta de planificación y ejecución por parte de las autoridades competentes, dejando a la gente ‘bregando’ con el ‘hedor’ y el ‘cochinero’.
El llamado de atención que se hizo en el ‘Diálogos para la convivencia barrial’ durante una misa es un grito desesperado. Estos espacios, aunque a veces se ven como una mera ‘pantalla’, son vitales para que la comunidad exponga sus problemas directamente a quienes deben resolverlos. Sin embargo, la efectividad de estos encuentros depende de las acciones concretas que se tomen después. La gente de Los Alcarrizos está cansada de ‘cuentos’ y promesas vacías; lo que quieren es ver máquinas trabajando, calles asfaltadas, lámparas encendidas y la basura recogida. Quieren ver a su municipio florecer, no seguir hundiéndose en el abandono.
Es hora de que las autoridades se pongan las pilas y actúen ‘de una vez’. Los Alcarrizos no es un arrabal olvidado, es un pilar importante del Gran Santo Domingo con una población vibrante que merece condiciones dignas. No se trata solo de asfaltar; se trata de restaurar la confianza, de ofrecer seguridad y de garantizar un entorno salubre para todos. La gente espera que este clamor no sea otro más en la larga lista de denuncias sin respuesta, sino que se convierta en el punto de inflexión para un cambio real y duradero. La ‘gente’ de Los Alcarrizos no se ‘quillará’ hasta que vean resultados tangibles. Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).


