¡Klk, mi gente! Parece que la Minería Dominicana viene con to’ y no es relajo. El director general de Minería, Rolando Muñoz, soltó la vaina: el sector minero de nuestro país, ese que siempre ha sido un pilar, se proyecta a duplicar sus aportes al Producto Interno Bruto (PIB) antes del 2036. ¡Qué noticia más bacana para la economía del patio! Esto no es un simple chisme, es una proyección seria, alimentada por la expansión de los proyectos que ya están metiéndole mano y el desarrollo de nuevas operaciones extractivas por todo el territorio nacional, lo que sin duda alguna, promete un futuro chulo para la nación.
Muñoz no se quedó ahí con el bate al hombro; mencionó que el sector minero fue clave en el récord de exportaciones del 2025, cuando la República Dominicana rompió la barrera de los US$14,600 millones. De ese monto, más de US$2,500 millones vinieron directamente de las exportaciones mineras, con el oro en plan estrella, alcanzando precios históricos en el mercado internacional. Es un dato jevi que nos muestra la magnitud de esta industria, que, querámoslo o no, mueve un viaje de cuartos y genera un sinnúmero de empleos, dinamizando la economía en zonas que, de otra forma, tendrían menos oportunidades.
Desde tiempos inmemoriales, la minería ha sido parte fundamental de la historia dominicana, desde la búsqueda de oro por los españoles en la época de la colonia hasta hoy. Nuestro subsuelo es rico en una variedad de minerales valiosos: oro, plata, cobre, níquel, bauxita, y hasta ámbar y larimar, que son unas joyas que nos hacen únicos en el mundo. Empresas como Barrick Pueblo Viejo, con su operación de oro y plata en Cotuí, y Falcondo con el níquel en Bonao, son unos de los grandes responsables de que esta vaina siga pa’lante, invirtiendo en tecnología y procesos para una extracción más eficiente y, se espera, más responsable.
Pero no es solo el dinero que entra por exportaciones lo que cuenta, ¡ni de cerca! La minería genera un impacto significativo en la economía local y nacional. Imagínate la cantidad de gente que trabaja directa e indirectamente en estos proyectos: ingenieros, geólogos, operadores de maquinaria pesada, personal de seguridad, de servicios, ¡un viaje de empleos que le dan un sustento digno a miles de familias dominicanas! Además, contribuye al desarrollo de infraestructuras, como carreteras que conectan comunidades, suministro de energía eléctrica y agua, e incluso programas de desarrollo social en las comunidades cercanas a las operaciones, mejorando la calidad de vida de la gente del campo.
Claro, uno no puede hablar de minería sin tocar el tema de los desafíos y las espinas. La protección del medio ambiente es una preocupación constante, y es algo que no se puede tomar a la ligera. El tigueraje de la extracción de minerales, si no se hace bien, puede traer consigo un viaje de problemas: contaminación de ríos, deforestación, impacto en la biodiversidad. Por eso, es vital que las empresas operen bajo los más altos estándares ambientales, utilizando tecnologías de punta para mitigar los daños, y que las autoridades estén siempre pilas, supervisando que todo esté de lo más bien y que se cumplan las normativas al pie de la letra, sin relajos.
La responsabilidad social corporativa no es un lujo, es una necesidad y un compromiso ineludible. Las empresas mineras de hoy tienen que comprometerse con las comunidades donde operan, invertir en su desarrollo, en educación de calidad, en salud, en infraestructura y en la capacitación de la mano de obra local. Un sector minero que busca duplicar su aporte al PIB tiene que ser un sector que apueste por la sostenibilidad, por prácticas que aseguren que lo que se saca de la tierra hoy no comprometa el futuro de las próximas generaciones. Esa es la verdadera clave para que esta vaina sea un éxito a largo plazo y beneficie a todos los dominicanos.
El gobierno, a través del Ministerio de Energía y Minas y la Dirección General de Minería, juega un papel crucial en asegurar un marco regulatorio robusto y atractivo para la inversión, pero también estricto en el cumplimiento de las normas. El hecho de que se prevea duplicar los aportes antes de 2036, nos habla de un potencial enorme para el crecimiento económico y el desarrollo nacional. Esto implica no solo atraer nuevas inversiones sino también optimizar las operaciones existentes, mejorar la eficiencia y explorar nuevas zonas con potencial minero, siempre bajo un esquema de respeto al medio ambiente y a las comunidades, garantizando un equilibrio justo.
Además, no podemos olvidar la importancia de la innovación y la diversificación. La investigación de nuevas tecnologías para una extracción más limpia y eficiente, así como la posibilidad de darle valor agregado a los minerales antes de exportarlos, son estrategias que podrían llevar a la Minería Dominicana a otro nivel. En vez de solo exportar la materia prima tal cual sale de la tierra, ¿por qué no procesarla más aquí, generar más empleos de alto valor y más riqueza para el país? Esa es la visión que debe guiar a este sector en los años venideros para maximizar su impacto positivo.
En fin, la proyección de Rolando Muñoz nos pinta un panorama chulo y esperanzador para la economía dominicana. Si se maneja con cabeza, con transparencia y con un compromiso genuino con el desarrollo sostenible, el sector minero puede ser un motor potente para que el país siga creciendo y ofreciendo mejores oportunidades para todos sus ciudadanos. ¡Así que, klk con la minería! Parece que viene con una fuerza que dará mucho de qué hablar en los próximos años y que promete poner a la República Dominicana más pa’lante aún en la escena económica regional e internacional.
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