¡Ay mi gente! En este bendito país, la política y las obras de infraestructura siempre dan tema de conversación, y esta vez, el pleito está bueno por la joya del sur, el Proyecto Múltiple Monte Grande. El que fuera director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi), Olgo Fernández, se ha tirado a la calle con un informe que, según él, tumba la versión del presidente Luis Abinader. El Presidente había soltado que cuando llegó al Palacio en 2020, la obra de la presa solo estaba por un 40% de ejecución. Pero Fernández, un veterano del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), asegura, con papeles en mano, que la vaina de Monte Grande ya iba por un sólido 80% de avance. ¡Imagínense ustedes el corre-corre!
Este tira y jala no es un relajo cualquiera, porque estamos hablando de una obra vital para el desarrollo del Sur, que es una región que necesita de mucha atención, klk. Olgo Fernández, con la calma de quien sabe lo que dice, ha explicado en el programa Panorama de la Tarde que una presa no se hace de la noche a la mañana, que eso lleva su tiempo y su chercha. Y tiene razón, una construcción de esa magnitud no es montar un colmado, mi hermano. Él insiste en que su gestión dejó un trabajo avanzado, con la mayoría de los componentes clave ya listos para el remate final.
Para entender bien este lío, hay que echar el cuento desde el principio. El Proyecto Múltiple Monte Grande no es de ayer, no. Su historia formal arranca en 2009, bajo el gobierno del presidente Leonel Fernández, cuando la iniciativa fue sometida al Congreso Nacional y, tras un par de años, aprobada en julio de 2010. O sea, estamos hablando de una visión de hace más de una década. Inicialmente, se esperaba financiamiento del Banco de Desarrollo y Exportaciones (Bandex) de Brasil, pero, como suele pasar, los cuartos no llegaron de una vez, dejando a la obra como un bate quebrado al inicio.
Pero el dominicano, cuando se propone algo, no se rinde así por así. Según Olgo Fernández, el Estado dominicano, con recursos propios, asumió el compromiso y empezó los trabajos en 2011. Y aquí viene un detalle bacano que poca gente conoce: parte de esa inversión inicial fue para una obra que quizás no muchos asocian directamente con Monte Grande, pero que era clave: la rehabilitación de la presa de Sabana Yegua. Sí, esa misma, la que asegura gran parte del riego y la estabilidad hídrica de la zona.
La intervención en Sabana Yegua no fue un simple “toque y vete”, no. Fernández detalla que se recreció la corona de la presa en seis metros, y luego se le metieron dos metros más de hormigón armado, sumando un total de ocho metros de elevación. ¡Un palo! Esto significó pasar de 406 metros sobre el nivel del mar a 411.9 metros. Con esta vaina lista para el 2015, y con una inversión de unos 106 millones de dólares, la presa de Sabana Yegua, que antes era una de las más vulnerables, se convirtió en, según Fernández, “la presa más segura de Centroamérica y el Caribe”. ¡Eso sí que es un trabajo chulo!
Con Sabana Yegua blindada y lista, el camino estaba despejado para Monte Grande. Pero, ¿adivinen qué? En 2016, el escándalo de Odebrecht, esa vaina que puso a medio mundo de cabeza, también impactó aquí y paralizó el proceso. Esos son los imprevistos que te desorganizan el cronograma y te hacen pensar que el mundo se va a acabar. Pero en este país, siempre hay un plan B, o por lo menos, se busca con gallardía.
Fue entonces cuando la administración de Danilo Medina se puso las pilas y empezó a buscar opciones financieras. Y ¡bingo! El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) de Honduras se apareció con un préstamo de 490.6 millones de dólares, con condiciones más flexibles, que era lo que se necesitaba en ese momento. Esto permitió que en 2017 se hicieran todos los diseños definitivos y estudios ambientales, geológicos y demás, porque, como dice Fernández, “no había nada, lo que había era un libro”. Un libro de intenciones, aseguraba, no de planos concretos de ejecución.
Finalmente, en 2018, la construcción de Monte Grande arrancó con la fuerza de un río crecido. Se hizo el campamento, se construyeron dos túneles de 900 metros cada uno revestidos de hormigón para desviar el Yaque del Sur, se montó la ataguía, el desagüe de fondo y los vertederos. Todo un tigueraje de ingeniería. Olgo Fernández emplaza al actual Indrhi a demostrar que esas obras no se dejaron en un 80%, “hormigonadas, con acero colocado y listas para concluir el canal de entrada en gaviones”. ¡Un desafío serio, mi gente!
Y si de cuartos hablamos, la cosa se pone más interesante aún. El contrato original de Monte Grande, firmado en 2018, era por 249.6 millones de dólares. Según Fernández, al salir del gobierno, quedaban 137 millones disponibles en el Banco Central y 405 millones en el BCIE. Los desembolsos, asegura, se hacían poco a poco, según el avance de las cubicaciones supervisadas por una unidad técnica del banco regional. O sea, no era que se cogía un viaje de dinero de golpe, sino que se iba manejando con cabeza.
Lo que sí le ha picado a Fernández es el incremento presupuestario que se ha visto en esta gestión. En 2022, el presidente Abinader envió una solicitud al Congreso para subir el techo del contrato a 663 millones de dólares, y se aprobó. Luego, en 2024, el año de la inauguración, se gestionó otro préstamo de 273 millones de dólares para completar, sobre todo, los canales pendientes. “Si sumas 663 más 273, fácilmente te da 936 millones de dólares”, dice Fernández, dejando la pregunta en el aire de por qué un incremento tan grande si, según él, ya la obra estaba tan avanzada.
Este informe voluminoso, tanto en formato digital como físico, fue entregado por Fernández a las autoridades del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), donde, según él, está todo el detalle de lo ejecutado entre 2012 y 2020. Él defiende la trascendencia de la obra, a la que le ha puesto un apodo jevi: “el Metro del Sur”. Y la verdad es que no es para menos, porque Monte Grande impacta directamente a Barahona, Bahoruco, Independencia, Azua y San Juan, abarcando las cuencas de cinco ríos principales, incluyendo el Yaque del Sur.
El proyecto, dicen las estimaciones de la época de Fernández, fue concebido para beneficiar a 855,000 habitantes, que en 2012 representaban un 10% de la población. ¡Un viaje de gente! Esto significa garantizar agua para consumo humano, para la agricultura, para generar energía, y lo más importante, controlar las inundaciones que han devastado esa zona por años. La interconexión con el Dique de Villar Pando y el Canal Ysura para el riego en Azua, y la confluencia de varios afluentes, lo hacen un sistema hídrico de lo más complejo y necesario.
Fernández reitera que la rehabilitación de Sabana Yegua fue el primer paso, la clave para que la nueva presa de Monte Grande pudiera ser segura y no estuviera en riesgo por una crecida inesperada del Yaque. Él y su equipo trabajaron “en silencio”, pero con una planificación técnica de alto nivel y un respaldo financiero estructurado. Así que, klk, la discusión está en la mesa, y el pueblo dominicano es el que tiene la última palabra sobre quién tiene la razón en esta vaina de los porcentajes y los cuartos.
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