República Dominicana, una isla ‘chula’ pero con una ‘vaina’ geológica compleja, se asienta sobre una de las zonas de mayor actividad sísmica del Caribe. Estamos hablando de la interacción entre la placa del Caribe y la Norteamericana, un ‘tigueraje’ que nos coloca en la mira constante de posibles terremotos. Aunque hace décadas que no vivimos un ‘palo’ grande, eso no significa que el peligro haya desaparecido; más bien, es un reto ‘jevi’ para los especialistas entender el comportamiento del subsuelo. La ausencia de registros recientes de sismos fuertes nos obliga a ser creativos y a buscar otras herramientas para adelantarnos a la naturaleza, que como bien sabemos, es ‘impredecible’.
Ante la falta de sismos de gran magnitud que nos den data real, ingenieros como Claudia Germoso y Norberto Rojas Mercedes nos explican que el ‘coro’ se basa en simulaciones y modelos estadísticos. Es como si estuviéramos jugando a predecir el futuro del suelo dominicano con matemáticas y tecnología de punta. Estos ‘modelos’ son la clave para construir los mapas de amenaza sísmica que, a su vez, guían el diseño de edificaciones que sean capaces de aguantar ‘lo que venga’. No tenemos un historial de temblores frecuentes con datos exactos, por eso se crean terremotos artificiales ‘de una vez’ en simulaciones, basados en las características geológicas de cada zona del país para así tener un estimado del movimiento esperado.
La isla de La Española es un ‘punto caliente’ literal, sentada justo en el límite de esas dos grandes placas tectónicas. La doctora Germoso resalta que la Falla Septentrional, que recorre todo el norte desde Montecristi hasta Samaná, es la de mayor potencial para la ‘vaina’ sísmica en RD. No menos importante es la Falla Enriquillo, que afecta nuestro suroeste. Ambas son ‘vainas’ serias que han provocado terremotos devastadores en la historia, no solo en nuestro país (como el de 1946 que generó un tsunami), sino también en nuestra hermana Haití, como el trágico evento de 2010. Entender la energía acumulada en estas fallas es fundamental para no coger esa ‘chercha’ a la ligera.
El monitoreo constante es crucial para no estar en la ‘luna’. Aunque Intec, con la dirección de Germoso, tiene una red sísmica que vigila principalmente el norte por la Falla Septentrional, la verdad es que necesitamos ‘un viaje de’ más instrumentación. Hace falta expandir esa red hacia el sur para tener ‘el ojo puesto’ también en la Falla Enriquillo. No es solo cuestión de sismómetros, que registran los temblores, sino también de acelerómetros, que son los que miden el ‘movimiento fuerte’ del terreno y son vitales para mejorar la ingeniería sismorresistente. Lamentablemente, nos falta una institución fuerte que se encargue de caracterizar y registrar ese movimiento con ‘calidad’.
Al final del día, toda esta ciencia y tecnología, desde las simulaciones hasta el monitoreo ‘chulo’, busca protegernos. Que no haya habido un terremoto como el de Haití en años recientes, no es un ‘cheque en blanco’; la amenaza siempre está ahí. Por eso, la educación cívica sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo es tan importante como tener ‘la data’ para construir mejor. Los esfuerzos por entender nuestra realidad sísmica no son ‘un coro’ solo para científicos, sino una responsabilidad colectiva para que el ‘tigueraje’ esté preparado y nuestras estructuras soporten el ‘meneíto’ si la tierra se encojona de verdad.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




