Obispo Ruiz se destapa: La Iglesia en un ‘klk’ y el ‘tigueraje’ de la corrupción

Monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, arzobispo de la Diócesis Stella Maris, se ha tirao’ al ruedo para reconocer algo que muchos sentían pero pocos se atrevían a vocalizar: la Iglesia católica dominicana ha tenido sus momentos de ausencia en escenarios donde antes era protagonista. Pero tranquilos, que la vaina no se queda ahí; el obispo asegura que este vacío se está atendiendo, poquito a poco, pero seguro. Es un cambio de época, una movida necesaria, y asegura que la Iglesia está clara en que su voz, aunque a veces menos ruidosa en los medios, sigue siendo fundamental para el pueblo.

Esta nueva etapa, según Ruiz de la Rosa, no es para querer sustituir a figuras de la talla del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, a quien califica como ‘insustituible’. Más bien, lo que se busca es reorientar el accionar de la Iglesia para que asuma el rol que le toca en la actualidad, centrándose más en las necesidades de sus diócesis y comunidades. Ya no es tanto salir en to’ los programas, sino estar cerca de la gente, al pie del cañón, asegurando que su mensaje llegue de una vez a donde tiene que llegar, aunque sea sin tanto despliegue mediático.

El estilo puede haber evolucionado, pero la misión de la Iglesia, esa de estar con los más desfavorecidos, se mantiene firme, ¡eso es innegociable! Monseñor Ruiz de la Rosa destaca que los pronunciamientos y reflexiones siguen siendo el pan nuestro de cada día en parroquias y catedrales. El tradicional Sermón de las Siete Palabras, por ejemplo, continúa siendo un espacio vital para la crítica social, un momento sagrado donde se le canta las cuarenta a los problemas del país sin pelos en la lengua. Esta tradición, arraigada en nuestra cultura, nos recuerda que la Iglesia siempre ha tenido un rol de conciencia crítica en la sociedad dominicana, desde los tiempos más complejos.

Pero no todo es espiritualidad, porque el obispo también se metió en el ‘klk’ de las fallas estructurales y la corrupción. Denunció sin rodeos que muchas de las tragedias por inundaciones y colapsos de edificios se deben a construcciones en zonas vulnerables y a una supervisión estatal que da pena. El problema no es solo que se construye mal, es que el ‘tigueraje’ se aprovecha en los procesos de inspección, poniendo en riesgo la vida de la gente por par de pesos. Las autoridades tienen que ponerse las pilas de una vez y por todas para evitar que se repitan vainas como la del paso a desnivel de la 27 con Máximo Gómez.

Es crucial que no se busquen parches, sino soluciones de verdad, ¡definitivas! Monseñor Ruiz de la Rosa enfatizó la necesidad de revisar a fondo las infraestructuras ya existentes y asegurar que las nuevas construcciones cumplan con todos los estándares de calidad. Hay que aprender de las tragedias pasadas, como la del Jet Set, que dejó un gran dolor en el país. El obispo hizo un llamado directo al Gobierno para que actúe con prevención y seriedad, demostrando que la vida de los ciudadanos es la prioridad y no una chercha.

En otra línea, el obispo levantó la voz ante la alarmante violencia estructural que afecta a República Dominicana. Aquí no hablamos solo de la delincuencia de la calle, sino de conflictos sociales que terminan en trifulcas por cualquier ‘vaina’, y la terrible epidemia de feminicidios y crímenes pasionales. Es un coro que necesita que todos le pongan atención, porque la agresión física se ha vuelto, asegún él, la primera respuesta ante un desacuerdo. Por eso, el país necesita con urgencia una ‘cruzada nacional de pacificación’ que involucre a cada familia, a las escuelas y, por supuesto, a las autoridades.

La educación emocional se presenta como una herramienta clave para enfrentar este panorama violento. Monseñor Ruiz de la Rosa subrayó la importancia de preparar a nuestros jóvenes desde temprano para manejar conflictos y reconocer señales de agresividad en las relaciones de pareja. Hay que estar claros: ‘Nadie cambia a nadie; si hay celos enfermizos o agresividad desde el noviazgo, eso solo empeora’, advirtió con contundencia. Las políticas públicas deben ir más allá de lo superficial, fomentando una cultura de diálogo y respeto para que nuestra sociedad avance con buen pie.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

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