Ozoria le baja el pulgar a la ‘vaina’ de la guerra: un llamado a la paz

En plena celebración de la Pascua de Resurrección, Monseñor Francisco Ozoria Acosta, nuestro Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo y Primado de América, ha soltado la voz desde la Catedral Primada, metiéndole el pie a una cultura de guerra y muerte que, asegura, arropa al mundo. Con un tono directo y sin rodeos, Ozoria le bajó el pulgar a la vaina de acostumbrarse al mal, a la violencia y a esos conflictos que solo traen dolor. Es un llamado de atención claro, una invitación a que la gente se despierte y elija el camino de la vida y la paz, en vez de seguir de relajo con lo que nos hace daño.

El mensaje de Monseñor Ozoria, aunque arraigado en la fe cristiana, trasciende las paredes de la iglesia y se clava de lleno en la realidad social que vivimos. Durante su homilía, el Primado de América insistió en que ‘tenemos que buscar la vida y amarla en Jesús’, una vaina que suena sencilla pero que en el día a día se nos complica un viaje. Es como decir que, después de una Semana Santa llena de reflexión, nos toca resucitar no solo en el espíritu, sino en la manera en que enfrentamos los desafíos del ‘patio’ y del mundo, buscando siempre la armonía y el bienestar colectivo, sin coger para nadie que quiera joder la paz.

Pero el arzobispo no se quedó ahí, ¡qué va! Se fue más lejos y señaló directamente a los que tienen el poder. Dijo que ‘los gobiernos buscan las guerras como signo de desarrollo y de poder’, una crítica fuerte a ese ‘tigueraje’ de ver la confrontación como una vía para avanzar. Esta mentalidad, que ve la destrucción como una forma de progreso, es un peligro que nos aleja de una verdadera convivencia. Ozoria nos recordó que la paz no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de enfrentarlos con diálogo y entendimiento, sin tener que llegar a los disparos ni al desorden.

La visión de Monseñor Ozoria nos invita a una transformación profunda, no solo individual, sino también social y política. Su exhortación a no acostumbrarnos a la guerra es un eco de la necesidad de promover una diplomacia más humana y menos bélica, donde las naciones busquen soluciones a sus diferencias a través de conversaciones, no de bombas. Él nos instó a construir la paz desde la casa, desde la familia, porque es ahí donde se siembran los valores que luego germinan en una sociedad más ‘chula’ y solidaria, libre de esas ‘cherchas’ de odio y división.

En un contexto global donde los conflictos parecen multiplicarse como yuca en conuco, el mensaje de Ozoria es un bálsamo y una llamada a la cordura. Nos recordó que Jesucristo es ‘la vida y la paz’, y que entregarse a esos principios es el regalo más grande que podemos celebrar. Es como decir ‘klk’ a la paz y ‘adiós’ a la violencia. La idea es romper con el ciclo de la muerte y abrazar una existencia plena, donde el diálogo sea la herramienta principal y el amor, el motor que mueva nuestros asuntos. Así que, a darle mente a esto y a buscar la vida de una vez por todas, mi gente.

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