¡Atención, mi gente! Desde el corazón de Sudamérica, específicamente Paraguay, nos llega una noticia que nos pone a reflexionar sobre cómo el mundo criminal está cambiando y cómo las autoridades se están poniendo las pilas para contrarrestarlo. La Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), en un tremendo coro con organismos internacionales, montó un seminario para capacitar a sus funcionarios en la “Desarticulación de Esquemas Financieros Criminales y Terroristas”. La vaina es que, cada vez más, el Lavado con Bitcoin y otras criptomonedas se ha vuelto una estrategia para ocultar dineros mal habidos, y eso es un problemón que hay que atajar de una vez.
Este seminario, que se dio cita en Asunción, busca darle a los agentes las herramientas necesarias para identificar y neutralizar a esos tigueres que andan usando el entorno digital para mover sus capitales ilegales. Y es que no es solo cuestión de “bitcoin”, sino de un abanico de criptoactivos que, según los organizadores, están sirviendo de vehículo para el financiamiento del terrorismo y el crimen organizado, especialmente en la Triple Frontera, una zona que siempre ha sido un dolor de cabeza por el trasegar de ilícitos. Es como si el tigueraje de antes con efectivo, ahora estuviera brincando a lo digital para evadir los controles tradicionales, ¡qué chulo, eh!
Un caso que sirvió de empuje para esta capacitación fue la reciente captura de Sebastián Marset, un narcotraficante uruguayo que, según las investigaciones, operaba mayormente con criptomonedas y no con pacas de billetes. El general Mirko Sokol de la Policía Boliviana lo dijo claro: “No encontramos sumas relevantes de dinero en efectivo; las transacciones de este criminal eran principalmente en criptomonedas”. Esto confirma que los delincuentes ya no custodian el efectivo en caletas, sino más bien los accesos a monederos digitales. ¡Un cambio de juego, klk!
Ahora bien, a pesar de lo que se pueda pensar, usar criptomonedas para vainas delictivas no es tan pan comido como la gente cree. Y es que, a diferencia del efectivo que se esconde y no deja rastro fácil, las transacciones con criptoactivos son trazables. ¡Sí, mi gente! Cada movimiento queda grabado en la blockchain, que es como un libro contable gigante y público. Esto significa que, con las herramientas y el conocimiento adecuado, se pueden rastrear las huellas de esos billetes digitales, complicándole la existencia a quien intente ocultar su dinero criminal. No es que sea imposible, pero sí es mucho más complicado que antes, lo que da una luz de esperanza a las autoridades.
Esta movida de Paraguay no es aislada; el mercado financiero paraguayo está en plena transformación. Recientemente, la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) metió mano con la Resolución General N° 47/26, que aprieta las tuercas al control fiscal de bitcoin y otros activos digitales. Esta normativa obliga a las plataformas de intercambio a reportar cada transacción con un detalle que, ¡ay, papá!, incluye direcciones de wallets, redes usadas y hasta el hash de cada operación. Esto demuestra que el gobierno paraguayo no está en chercha y que se está tomando muy en serio la regulación del mercado cripto.
En definitiva, lo que vemos en Paraguay es un ejemplo claro de cómo las instituciones están evolucionando para enfrentar los nuevos desafíos del crimen organizado en la era digital. Es una llamada de atención para todos los países de la región, incluyendo el nuestro, para que también se pongan los guantes y refuercen sus capacidades en esta materia. Porque si hay algo seguro en este mundo es que el tigueraje no duerme, pero las autoridades, ¡tampoco deberían!
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