En un país donde el “no te rindas” es casi un mantra, la historia de Andrés Morey Messina no es solo una noticia, ¡es una verdadera cátedra de vida! Este joven, con un diagnóstico dentro del espectro autista, ha logrado lo que muchos quizás vieron como un camino empinado y lleno de obstáculos: se graduó de Comunicación Social Audiovisual y Artes Cinematográficas en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Su mensaje es claro y directo, como a nosotros nos gusta aquí: “Simplemente no se rindan, no importa los años que se tomen en lograr la meta”. ¡Y con to’ y to’ lo logró!
A sus 27 años, Andrés, quien vive con Asperger, una condición del espectro autista, nos cuenta sin rodeos que su vida universitaria fue “larga, ardua” y que le demandó pila de energía, tanto física como emocional. “Sin embargo, aunque me he tomado ocho años, logré culminar mis estudios. Incluso con la condición que tengo me siento muy orgulloso de lo que he logrado”, expresó. Y la verdad es que nos llena de orgullo a todos, porque su persistencia es un ejemplo chulo para cualquiera que ande con alguna vaina que le impida echar pa’lante.
El camino de Andrés en la academia no fue un simple paseíto. Él comenzó sus estudios en la PUCMM en 2017, apuntando a la carrera de Derecho. Pero como la vida da muchas vueltas y a veces uno encuentra su verdadera vocación por el camino, dos años después se cambió a Comunicación. Su pasión por el doblaje de voz y el cine lo jaló hacia ese lado, y ¡qué bueno que lo hizo! Este cambio de rumbo, que de por sí ya es un paso importante, coincidió con algo clave: la apertura en 2018 de la Dirección de Servicios para la Inclusión de la PUCMM. Esta unidad, señores, es una de esas iniciativas que hacen falta en todos lados, dedicada a acompañar las prácticas docentes para asegurar una educación inclusiva y de calidad para personas con condiciones especiales. ¡Eso sí es ser bacano!
Ya metido de lleno en Comunicación y con el respaldo de esta nueva Dirección de Inclusión, la familia de Andrés recibió orientaciones bien claras sobre cómo manejar la carga académica por cuatrimestre. La idea era evitar el sobrecargo, ese estrés que nos pone a uno de cabeza, y garantizar que Andrés pudiera concentrarse de una vez en cada asignatura. Esta planificación individualizada es un ejemplo claro de cómo la educación inclusiva no solo beneficia al estudiante directamente, sino que eleva la calidad educativa para todos, al fomentar la empatía y la flexibilidad en el sistema.
Una de las medidas que más ayudó a Andrés fue informar y orientar a los profesores sobre su condición. Esto les permitía a los docentes ofrecer un seguimiento formativo bien ajustado a las necesidades del joven estudiante. La madre de Andrés, Anabel Messina, relata con emoción: “Si el examen se tardaba una hora, entonces se le daba más tiempo para que completara, se podía sentar delante en el aula, grabar las materias… Todas estas medidas a nosotros nos ayudaron muchísimo. Y digo ‘nosotros’, porque como padres, también ayudamos en todo, fue un trabajo en equipo”. Esta visión de trabajo en equipo, donde la familia, la universidad y el propio estudiante se unen para conquistar una meta, es de lo más valioso.
Es importante destacar que el Síndrome de Asperger, hoy día categorizado dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA), se caracteriza por diferencias en la interacción social, la comunicación no verbal y patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos. Sin embargo, muchas personas con Asperger tienen habilidades cognitivas excepcionales, un enfoque intenso en sus intereses y una memoria impresionante. La clave está en crear entornos que les permitan florecer, reconociendo y apoyando sus fortalezas mientras se gestionan los desafíos. Andrés es un testimonio viviente de que, con el apoyo adecuado, el potencial es ilimitado.
La visión de la PUCMM, al crear la Dirección de Servicios para la Inclusión, no solo representa un paso adelante en la educación dominicana, sino que se alinea con las tendencias globales hacia una mayor neurodiversidad y equidad. Este tipo de programas son fundamentales para garantizar que el sistema educativo no solo sea accesible, sino también enriquecedor para todos, sin importar sus diferencias. Es un mensaje para todas las instituciones: el tigueraje no es solo para los que “cumplen el molde”, sino para todos los que tienen el coraje de perseguir sus sueños.
El futuro de Andrés pinta de lo más bien. Ya pronto comenzará a trabajar en Tonos y Colores, una compañía de venta de pinturas, como parte del Departamento de Comunicaciones. Se dedicará inicialmente a la edición de videos para la empresa, aplicando todo el conocimiento y la creatividad que desarrolló en la universidad. Esto no solo es un logro personal, sino que también es un paso importante hacia una mayor inclusión laboral para personas neurodivergentes, demostrando que tienen muchísimo que aportar al mercado de trabajo.
Después de ocho años de dedicación y esfuerzo, Andrés Morey Messina no solo se llevó un título de la graduación número 113 de la PUCMM, campus Santiago –donde 1,272 profesionales se invistieron–, sino que nos dejó una lección que va más allá de cualquier aula. Sus palabras finales son un eco poderoso para todos los dominicanos: “Simplemente no se rindan, no importa los años que se tomen… No se queden de vagos y, por favor, no lo tomen (los estudios) a la ligera”. ¡Así se habla, Andrés! Su historia es un recordatorio de que la perseverancia, el apoyo y la fe en uno mismo pueden mover montañas, sin importar qué tan grande parezca la vaina.
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