¡Klk, gente! El Futbol Italiano, ese que un día nos tuvo de pie con su ‘Catenaccio’ y sus estrellas, ahora mismo está en una ‘vaina’ que da pena. Los fracasos recientes de Bologna y Fiorentina en las competiciones europeas no son más que la punta del iceberg de un problema que ya pica y se extiende. Perder ante el Aston Villa y el Crystal Palace, respectivamente, nos deja claro que la Serie A, ese campeonato que tantos cracks vio nacer, ya no está de lo más bien en el panorama internacional. Se perfila un escenario donde, por primera vez en siete años, no tendremos ni un solo club italiano en semifinales europeas. ¡Eso sí que es un ‘lío’!
Y es que esta racha de derrotas no viene de ahora. Antes de estas caídas, ya vimos al Atalanta ser barrido por el Bayern Múnich en la Champions League con un contundente 10-2 global. El Inter de Milán, que fue finalista la temporada pasada, y la Juventus, equipos que tienen una historia ‘jevi’ en Europa, ni siquiera llegaron a la fase de grupos tras ser humillados en los repechajes. Hasta el mismísimo Napoli, flamante campeón de la Serie A, hizo un papelón terminando en el puesto 30 de 36 en la fase de liga. Claramente, la magia se ha disipado, y la competitividad que antes caracterizaba al balompié de la bota parece haberse marchado de vacaciones sin avisar.
El mal momento de los clubes es un reflejo de lo que le pasa a la selección nacional. Diez días antes de estas humillaciones europeas, Italia sufrió la peor parte al quedar fuera de su tercer Mundial consecutivo tras caer en penales contra Bosnia-Herzegovina. ¡Imagínense, los cuatro veces campeones del mundo! Esa ‘vainita’ fue el golpe de gracia para muchos, forzando la renuncia del presidente de la federación, Gabriele Gravina, y del técnico Gennaro Gattuso. Ver a entrenadores italianos como Carlo Ancelotti o Fabio Cannavaro dirigiendo a otras selecciones en el Mundial, mientras la propia Italia se queda en casa, es un trago amargo que ni el mejor café espresso logra endulzar.
Pero el problema es mucho más profundo que solo resultados. Un informe de Gravina reveló que la Serie A tiene la edad promedio de jugadores más alta de Europa (27 años), y que la velocidad promedio del balón es drásticamente inferior a la de otras ligas top. Además, el fútbol italiano arrastra problemas financieros serios en sus divisiones inferiores, con casi 200 clubes excluidos por deudas desde los 80, y un viaje de puntos de penalización en los últimos 13 años. Para colmo, el país no ha invertido en la construcción o modernización de estadios en las últimas dos décadas, un factor clave para el desarrollo y la experiencia del fanático.
Lo que queda claro es que la situación no se resuelve con parches. El ‘tigueraje’ del fútbol italiano necesita un cambio radical, una intervención que, según el propio Gravina, debe venir con un apoyo fundamental del gobierno. No es una misión para una sola persona, sino una reconstrucción completa que implica desde la base hasta la cima. Si no se ponen las pilas de una vez, el legado glorioso del fútbol italiano podría convertirse en un recuerdo lejano. Ojalá y encuentren la forma de salir de este ‘chismoso’ y vuelvan a ser la potencia que tanto nos emocionaba.
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