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¡Qué Vaina! La Zanja Inconclusa que Atormenta a Rancho Arriba

En el corazón de la provincia San José de Ocoa, específicamente en el pintoresco municipio de Rancho Arriba, se vive una situación que tiene a la gente con la cabeza caliente, una verdadera “vaina” que raya en lo inverosímil. Los moradores del barrio Palero están alzando su voz, clamando al cielo y a las autoridades locales, por una obra de drenaje que, más que una solución, se ha convertido en un peligro latente. Imagínense ustedes, una zanja abierta, profunda, que lleva más de un mes y medio sin concluir, dejando a su paso un rastro de incomodidad, riesgo y, sobre todo, una sensación de abandono que cala hondo en el alma de este pueblo.

La alcaldía de Rancho Arriba, encabezada por Alcedo de los Santos, inició la construcción de esta zanja en la calle Duarte con la noble intención de canalizar las aguas que bajan del río cada vez que se arman esos aguaceros que caracterizan nuestra geografía. Sin embargo, lo que prometía ser un alivio, hoy es un dolor de cabeza monumental. Esta Zanja Inconclusa no solo interrumpe el paso, sino que representa un riesgo palpable para el tigueraje que transita a pie y para los que andan en guagua o motor. Es un klk de verdad, donde la seguridad vial y peatonal se ha ido al garete.

Pero el peligro físico no es la única vaina. La excavación, al permanecer abierta y sin el drenaje adecuado, se ha convertido en un gigantesco charco donde el agua se estanca. ¿Saben qué significa eso en nuestro trópico? ¡Un viaje de mosquitos! Sí, esos que transmiten de todo, desde dengue hasta chikungunya. Además, el agua podrida ha traído consigo unos malos olores que, según los comunitarios, hacen irrespirable el aire en los alrededores. Esto no es solo una cuestión de estética; es un problema de salud pública que está afectando la calidad de vida de los que viven cerca.

Y como si fuera poco, para la ejecución de esta obra “a medio palo”, las brigadas del Ayuntamiento demolieron la cocina de una vivienda de zinc. Con la promesa de repararla de una vez, dejaron a la familia con la esperanza en el aire. Asegún los afectados, hasta el momento, no se ha visto ni el primer clavo para reconstruir esa parte esencial de su hogar. Es una falta de compromiso que duele, una chercha con la dignidad de la gente trabajadora de nuestro campo.

Rancho Arriba, para quienes no lo saben, es uno de esos rincones jevis de la provincia San José de Ocoa, anidado en la parte sur de nuestra majestuosa Cordillera Central, a 475 metros sobre el nivel del mar. Su ubicación en un valle intramontano, aunque hermosa, lo hace particularmente vulnerable a inundaciones. Es por eso que obras de drenaje como esta no son un lujo, sino una necesidad vital. El Plan Municipal de Desarrollo 2022-2026 lo confirma, señalando la susceptibilidad a las inundaciones en el centro del poblado y en comunidades como Banilejo, Juan Luis, La Vigía y Arroyo Caña. Es decir, las autoridades tienen bien claro el riesgo, pero pareciera que la ejecución de los planes se queda en el papel.

Este tipo de situaciones no son nuevas en nuestro país. A lo largo y ancho de la República Dominicana, lamentablemente, se repiten historias de obras públicas que se inician con bombos y platillos, para luego ser abandonadas a su suerte, dejando a las comunidades en peores condiciones que antes. Es un patrón que genera desconfianza y frustración. La falta de continuidad en los proyectos, la ineficiencia en la supervisión y la poca rendición de cuentas son males que persisten y que impactan directamente el progreso de nuestros pueblos.

Los ranchoarribenses, gente de trabajo y fe, no piden más que lo justo: que la alcaldía cumpla con su palabra y termine lo que empezó. Quieren saber cuándo van a culminar la obra, cuándo podrán caminar y transitar por sus calles sin temor a caer en un hoyo, cuándo dejarán de tener un viaje de mosquitos picándolos en sus casas y cuándo la familia afectada tendrá su cocina de vuelta. No es un capricho; es el derecho a vivir con dignidad y seguridad.

La comunidad se siente olvidada, y no es para menos. Cuando el gobierno local, que es el más cercano al ciudadano, no responde a sus necesidades básicas, la sensación de impotencia crece. Un proyecto vital para la resiliencia de un municipio ante eventos climáticos se convierte en un problema mayor debido a la negligencia. Es hora de que el alcalde Alcedo de los Santos y su equipo se pongan las pilas de una vez y le den a Rancho Arriba la solución que merece. No hay excusas para dejar una obra de esta magnitud “guindando” por tanto tiempo.

Esta situación en Rancho Arriba es un reflejo de los desafíos de infraestructura que aún enfrentan muchas de nuestras comunidades rurales. Es un llamado de atención a la planificación, la supervisión y, sobre todo, al compromiso con la gente. Ojalá este clamor no caiga en oídos sordos y veamos la zanja terminada pronto, para que el barrio Palero pueda volver a estar tranquilo y a disfrutar de la paz que tanto anhela.

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