La paciencia tiene un límite, y en el sector de La Ureña, en las cercanías de la Autopista de Samaná, ese límite se agotó. Tras cumplir 48 horas con la nevera muda y los abanicos quietos, los residentes ‘se armaron’ de coraje y salieron a la calle a reclamar lo que por ley les corresponde: el servicio de energía eléctrica. ¡’KlK’ con la luz, gente! La comunidad exige una intervención ‘de una vez’, poniendo el grito en el cielo frente al peaje y una estación de combustible, puntos estratégicos para que su ‘vaina’ se escuche lejos.
Es que no es ‘un chiste’ ni ‘un coro’ cualquiera estar dos días sin electricidad. La luz no es un lujo, es una necesidad básica, y su ausencia prolongada se convierte en un ‘relajo’ que afecta la seguridad, la conservación de alimentos y la calidad de vida. Los vecinos de La Ureña aseguran que el ‘tigueraje’ aprovecha la oscuridad para sus fechorías, mientras en los hogares la comida se daña y el calor se pone ‘insoportable’. A pesar de los múltiples reportes a la empresa distribuidora, la respuesta ha sido un silencio que ha provocado este ‘piquete’ colectivo.
La problemática de la energía eléctrica en República Dominicana es una historia de nunca acabar. Por años, las comunidades han lidiado con apagones programados y sorpresivos, a pesar de las promesas de inversión y mejora. La Ureña es solo un ejemplo más de cómo la falta de un servicio constante ‘trae de cabeza’ a la gente. Las empresas como Edeeste, que presumimos atiende esta zona, a menudo justifican las fallas con problemas técnicos o de mantenimiento, pero la gente se pregunta si ‘un viaje de’ esos problemas no se podrían prevenir con una mejor gestión.
La presencia de agentes de la DIGESETT y la Policía Nacional para ‘chequear’ que la protesta se mantenga pacífica es un recordatorio de la tensión que estas situaciones generan. Sin embargo, el objetivo principal de los manifestantes no es armar un ‘lío’, sino presionar para que las cuadrillas técnicas hagan acto de presencia y devuelvan la normalidad. La experiencia dice que muchas veces, es solo a través de estas acciones de calle que las autoridades se dignan a mover ‘un pie’ y buscar soluciones.
Este ‘guiso’ del apagón en La Ureña no solo revela una falla operativa, sino también una brecha en la comunicación y la capacidad de respuesta de las instituciones encargadas. Los dominicanos merecemos un servicio ‘bacano’, que funcione ‘de lo más bien’, especialmente después de pagar la factura cada mes. Es fundamental que se establezcan mecanismos más efectivos para atender estos reclamos y garantizar que los ciudadanos no tengan que llegar al extremo de paralizar vías para que se les escuche. Ojalá y esta vez la solución no sea ‘un pañito de agua fría’, sino algo duradero.
Este incidente sirve como un campanazo de alerta para el sector eléctrico nacional. Es imperativo que se revisen los protocolos de mantenimiento, la capacidad de respuesta ante emergencias y, sobre todo, la inversión en infraestructura para asegurar un suministro estable. Porque al final del día, lo que quiere la gente es poder llegar a su casa, prender la luz, conectar el abanico y vivir tranquilo, sin que ‘la vaina’ se ponga oscura de repente por tiempo indefinido. La paciencia se agota, y cuando eso pasa, el pueblo se expresa.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



