Un nuevo ‘golpe’ de dolor ha sacudido a San Francisco de Macorís, provincia Duarte, tras confirmarse el fallecimiento de Adara Ángeles, una niña de apenas un año. Esta pequeña se convierte en la segunda víctima mortal de la trágica explosión de gas ocurrida el pasado domingo en una fritura local, un suceso que ha dejado a la comunidad en un estado de consternación. La noticia, recibida con profunda tristeza, pone de manifiesto la severidad de los incidentes que involucran escapes de GLP y sus consecuencias devastadoras para la vida de inocentes.
La niña, según el reporte médico, batalló por su vida en el Centro Infantil de Quemados Dra. Thelma Rosario, ubicado en el Hospital Pediátrico Regional Universitario Arturo Grullón de Santiago, a donde fue trasladada por la extrema gravedad de sus lesiones. Presentaba quemaduras en el 30 % de su superficie corporal, además de una delicada lesión inhalatoria que la mantuvo bajo ventilación mecánica y monitoreo constante en la unidad de cuidados intensivos. A pesar de los esfuerzos incansables del personal médico, la magnitud del daño fue irreversible, culminando en su deceso la noche del martes.
Este lamentable desenlace eleva a dos el número de fallecidos por el incidente que, según la noticia, afectó a un total de nueve personas, incluyendo a tres menores de edad y seis adultos. Mientras el país lamenta la pérdida de Adara, hay una ‘chispita’ de esperanza en el caso del adolescente de 13 años que también fue víctima de la explosión y, según el mismo reporte, ya fue dado de alta médica, continuando su recuperación de forma ambulatoria. Este hecho es un testimonio de la dedicación del personal de salud, aunque la magnitud de la tragedia no disminuye.
La situación de los adultos también fue crítica. Tres de ellos, según la información proporcionada, fueron referidos a un centro especializado en quemados en Santo Domingo, lo que subraya la necesidad de infraestructura y atención de alta complejidad para este tipo de lesiones. El resto de los afectados están recibiendo atenciones en San Francisco de Macorís. Estos incidentes, desgraciadamente, no son un ‘cuento viejo’ en nuestra sociedad; las explosiones por tanques de gas representan un riesgo latente en frituras y otros negocios informales que, a veces, operan sin las medidas de seguridad adecuadas.
Es imperativo que las autoridades pertinentes, como los cuerpos de bomberos y el Ministerio de Industria y Comercio, refuercen las inspecciones y las campañas de concienciación sobre el manejo seguro del Gas Licuado de Petróleo (GLP). No es posible que ‘una vaina’ como esta siga cobrando vidas, especialmente las de nuestros niños, quienes son los más vulnerables. La prevención, la capacitación y la supervisión rigurosa son fundamentales para evitar que ‘el tigueraje’ de la irresponsabilidad o el descuido termine en tragedias que enluten a familias enteras y dejen cicatrices imborrables en la comunidad.
El dolor de San Francisco de Macorís es palpable. La comunidad ha reaccionado con profundo pesar y un llamado unánime a la acción para que se tomen medidas drásticas y efectivas. La pérdida de una vida tan joven como la de Adara Ángeles no solo es un recordatorio desgarrador de los peligros inherentes al uso del GLP sin las precauciones debidas, sino también un ‘jalón de orejas’ para todos, desde los propietarios de negocios hasta los entes reguladores, para garantizar un ambiente seguro. Ojalá y este incidente sirva para que ‘de una vez’ se pongan los puntos sobre las íes y se eviten futuros lutos en nuestra tierra.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




