Un año ha transcurrido desde que la ‘vaina’ del Jet Set nos golpeó el alma, dejando una cicatriz imborrable en la memoria colectiva dominicana. La ‘Tragedia Jet Set’, que cobró la vida de 236 almas, sigue siendo un doloroso recordatorio de la vulnerabilidad y la apremiante necesidad de responsabilidad en el desarrollo urbano. Ayer, el mismo suelo que una vez vibró con ‘chercha’ y alegría, fue testigo de un emotivo reencuentro de familiares y sobrevivientes, quienes, entre lágrimas y abrazos que pesaban más que las palabras, honraron a sus seres queridos.
En el corazón de los escombros, el carismático padre Rogelio Cruz, una figura popular aunque a menudo en desacuerdo con la jerarquía eclesiástica, lideró un acto conmemorativo que, aunque no fue una eucaristía formal, tocó profundamente ‘un viaje de’ corazones. Con fotografías que evocaban sonrisas y nombres susurrados, se levantó un altar ‘chulo’ de flores blancas y corazones de barro. La música, incluyendo la conmovedora ‘Sobreviviré’ del fenecido merenguero Rubby Pérez, quien trágicamente también pereció, sirvió de consuelo, reforzando el espíritu de resiliencia tan característico de nuestro pueblo.
La devastación del Jet Set no fue un suceso aislado, sino la trágica culminación de fallas sistémicas. ‘Asegún’ reportes técnicos y análisis forenses, la estructura original del edificio había sido modificada sin los permisos adecuados, comprometiendo gravemente su integridad para albergar la masiva concurrencia. Esto pone en evidencia una dolorosa realidad sobre el ‘tigueraje’ de la permisividad en la construcción y la débil fiscalización de los códigos, un problema recurrente que exige una revisión ‘de una vez’ de los estándares de seguridad en edificaciones públicas y privadas en el país, para evitar futuras calamidades.
El frente judicial contra los hermanos Maribel y Antonio Espaillat, señalados como responsables, ‘está de lo más bien’ avanzando en sus etapas preliminares. Si bien los abogados de los imputados han anunciado acuerdos de compensación económica con un porcentaje significativo de las víctimas, la lucha por la justicia penal persiste. Los familiares y sus representantes legales recalcan que ninguna suma de dinero puede sustituir la necesidad de establecer responsabilidades criminales y sentar un precedente. La sociedad dominicana clama por un ‘bacano’ proceso que no solo compense, sino que también castigue, para que este tipo de negligencias no queden impunes y se garantice un mínimo de seguridad para el futuro.
Este primer aniversario nos urge a una seria reflexión sobre el control urbanístico y la cultura de seguridad. El cierre temporal de la avenida Independencia para el memorial fue un detalle, pero la verdadera conmemoración debe traducirse en acciones contundentes. Las autoridades tienen la ‘vaina’ de endurecer las normativas de construcción, asegurando que se cumplan a cabalidad. No es solo cuestión de prevenir otra ‘guagua’ que se caiga, sino de salvaguardar la vida de nuestros ciudadanos, garantizando que cada espacio, ya sea para ‘un coro’ o para el trabajo, sea seguro y confiable, sin dejar espacio a la improvisación.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



