¡Coño, la cosa está que arde en el mundo de la tecnología! Lo que parecía impensable, que China pudiera producir chips de 7nm sin las avanzadísimas máquinas de ultravioleta extremo (UVE) de la empresa neerlandesa ASML, ya es una realidad, y no con una, sino con dos de sus principales fabricantes. Esto es una vaina seria que está haciendo temblar a más de uno en el sector. SMIC (Semiconductor Manufacturing International Corp), el gigante chino de los semiconductores, dio el primer puñetazo sobre la mesa en 2023, demostrando que no necesitaban el ‘tigueraje’ de las UVE para avanzar. Se la están comiendo.
Este hito no es poca cosa, mi gente. Es un claro mensaje de independencia tecnológica en medio de una guerra comercial que Estados Unidos le ha montado a China, especialmente para limitar su acceso a la tecnología de punta. Las restricciones impedían a ASML vender sus equipos más sofisticados a las empresas chinas, esperando frenar su avance en la fabricación de semiconductores. Pero el ingenio chino se buscó la vuelta, como decimos aquí. Con la ayuda de Huawei, que es tremenda empresa, SMIC utilizó equipos de ultravioleta profundo (UVP), que son menos avanzados, y con un coro de optimización de procesos, lograron lo que muchos creían imposible.
Y la chercha no para ahí. Ahora se suma otro peso pesado, Hua Hong Semiconductor, el segundo productor más grande del país. A través de su división Huali Microelectronics, se están preparando para arrancar la producción de chips de 7nm en su planta de Shanghái. Esto es un viaje de desarrollo tecnológico que tiene a todo el mundo con los ojos bien abiertos. La clave de esta movida, según los que saben, es el uso del ‘multiple patterning’, una técnica que, aunque no es tan eficiente como las UVE, permite alcanzar una resolución más fina transfiriendo el patrón a la oblea en varias pasadas.
Este avance es crucial para el futuro de la inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías de vanguardia en China. Con dos fabricantes capaces de producir estos chips avanzados, Huawei y otras compañías chinas tendrán una fuente interna para sus necesidades, reduciendo su dependencia externa. Esto no solo refuerza la soberanía tecnológica del país asiático, sino que también podría reconfigurar la cadena de suministro global de semiconductores, que tradicionalmente ha estado dominada por empresas como TSMC o Samsung. Es como si el patio de juego se estuviera nivelando de a poquito, de una vez.
Claro, no todo es color de rosa. El ‘multiple patterning’, aunque efectivo, tiene sus peros. Puede aumentar el costo de producción de los chips y limitar la cantidad de unidades viables por oblea. Sin embargo, para China, el valor estratégico de la autosuficiencia supera con creces estos desafíos. Esta capacidad de fabricar chips de 7nm, aunque sea con un costo operativo más alto, es un paso gigantesco hacia su meta de ser un líder indiscutible en la tecnología global, asegurando así un desarrollo autónomo para sus smartphones, infraestructuras y sistemas de IA. Es una jugada maestra, la verdad.
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