El director general de Desarrollo Fronterizo, Jorge Radhamés Zorrilla Ozuna, ha vuelto a poner el dedo en la llaga con un tema que nos duele a todos los dominicanos: los feminicidios. Zorrilla Ozuna no se anduvo con rodeos al calificar como “penosos” y “dolorosos” estos crímenes que siguen tiñendo de sangre nuestro patio, haciendo alusión al reciente y lamentable caso de Esmeralda Moronta, una mujer que encontró la muerte a manos de su expareja, justo después de salir de una fiscalía. Es, de veras, una vaina que nos tiene a todos con el grito al cielo, preguntándonos hasta cuándo vamos a seguir contando estas historias.
Sus declaraciones, dadas a la prensa antes de un panel importante sobre el ‘Día Nacional de las Sufragistas’, ponen en el tapete la cruda realidad de la violencia de género. Aquí, en nuestro país, se ha vuelto un tema de discusión constante la efectividad de los protocolos judiciales. ¿De qué vale que una mujer busque ayuda si al final termina en la calle, desamparada? Asegún Zorrilla Ozuna, la respuesta de las autoridades en estos casos no siempre es la mejor, y la verdad es que muchos sentimos que es así. Es un tremendo lío ver cómo se desvanecen las esperanzas de protección de una vez que una víctima acude a buscar auxilio, y eso nos duele en el alma.
Más allá de señalar los fallos institucionales, es crucial entender el origen de esta ‘vaina’. A menudo se reduce a “problemas de pareja”, pero la verdad del caso es que estamos frente a una manifestación brutal de machismo y control. Cuando un hombre se cree dueño de una mujer y no tolera que ella decida su propio camino, se arma el lío y los resultados son, a veces, fatales. La insistencia en este tipo de mentalidad, el creer que el ‘tigueraje’ de posesión es válido, es lo que hay que desmantelar desde la raíz. No es un tema de amor, sino de poder malentendido y de una cultura que necesita un cambio urgente, de la noche a la mañana si fuera posible.
Ante este panorama tan desolador, Zorrilla Ozuna recalca que la solución no se puede dejar solamente en manos del Estado. Con un viaje de provincias, municipios y distritos, y una población que ronda los 11 o 12 millones de habitantes, la extensión del problema es tremenda. Por eso, el funcionario hace un llamado vital a la formación y educación en los hogares. Él, que viene del campo, recordó cómo sus padres les enseñaron a ser personas de bien. Y es que, si en cada casa se inculcan los valores de respeto, igualdad y autonomía desde que los muchachos están chiquitos, otro gallo cantaría y podríamos echar pa’lante de una forma más efectiva contra este disparate que son los feminicidios.
La educación es la base, el cimiento para una sociedad que respete la vida y la dignidad de las mujeres. No es solo un asunto de leyes y castigos, sino de transformar mentes y corazones. Los feminicidios no solo dejan luto en las familias directamente afectadas, sino que también laceran el espíritu de la sociedad dominicana entera, sembrando miedo y desesperanza. Es hora de que todos pongamos de nuestra parte, desde el más pequeño hasta el más grande, para que esta triste realidad sea cosa del pasado y podamos, de veras, vivir en una nación donde el respeto sea la norma y no la excepción.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




