En la vibrante y a veces caótica frontera dominico-haitiana, el anuncio reciente del presidente Luis Abinader sobre la ampliación de la verja perimetral y la creación de un mercado binacional en Restauración, Dajabón, viene a poner los ojos sobre un escenario que muchos dominicanos conocen bien: el famoso Mercado Tilory. Este punto caliente, ubicado a unos 65 kilómetros de Dajabón, en plena Carretera Internacional que sirve de línea divisoria natural, es un ejemplo clarísimo de cómo la vida se abre paso, sin mucho protocolo, entre dos naciones que comparten una misma isla y un viaje de necesidades.
El Mercado Tilory, bautizado por la comunidad haitiana del mismo nombre que colinda con él, es un crisol de culturas y economías informales. Es una vaina que funciona a su propio ritmo, donde la necesidad impulsa el comercio y la gente se las inventa para echar pa’lante. Aquí, tanto haitianos como dominicanos se congregan cada semana para intercambiar productos básicos, desde comestibles hasta artículos para el hogar, en un ambiente que, aunque parece improvisado, tiene su propia lógica y un dinamismo que se siente en el aire. La pobreza de la zona es evidente, pero también lo es el ingenio y la resiliencia de quienes dependen de este intercambio para subsistir.
Según un informe del PNUD y la Unión Europea, la mayor parte de las mercancías que se mueven por Tilory, aproximadamente un 79% de su valor, van directo a comunidades haitianas como La Miel y Cerca La Source. Productos estrella del lado dominicano, como el arroz puntilla –ese que viene de La Vega y Dajabón–, son muy demandados. Mientras que de Haití llegan chivos, cabras, ropa usada y un sinfín de artículos, demostrando una interdependencia comercial que va mucho más allá de las barreras políticas o las verjas que se construyen. Es un negocio que, de una vez, abastece a familias enteras de ambos lados.
Pero Tilory no es solo comercio; es un reflejo de la vida fronteriza en su estado más puro. Entre los puestos de venta, el tránsito de personas, burros y caballos que parecen ser parte del paisaje, también se arma su coro. Es común ver a un grupo de tigueres disfrutando de improvisadas peleas de gallos, una actividad que, aunque informal, es parte de la chercha y el ambiente. La ausencia de oficinas aduanales o migratorias formales, según el mismo informe, subraya el carácter orgánico y, a veces, desregulado de este mercado, donde la autoridad local haitiana es quien a menudo gestiona los certificados para el comercio de animales.
Las acciones del presidente Abinader, que buscan la formalización y seguridad de estas zonas, son un paso importante para integrar estos mercados informales a una estrategia más amplia de desarrollo fronterizo. La idea es potenciar la conectividad y el crecimiento económico, abarcando los 391 kilómetros de frontera terrestre. No se trata solo de controlar, sino de organizar y dar un espaldarazo a un comercio que, a pesar de sus desafíos, ha sido el sustento de innumerables familias por años. Este es un esfuerzo por convertir una ‘vaina’ informal en una oportunidad bacana para todos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



