La comunidad de Nuevo Renacer, en Puerto Plata, se encuentra sumergida en una situación crítica que ha pasado desapercibida por mucho tiempo. Sus residentes, día tras día, conviven con el hedor y el riesgo sanitario que representan las aguas negras que rodean sus hogares, especialmente en la desembocadura del río San Marcos. Es un panorama que clama al cielo, donde la miseria y la contaminación se han vuelto parte del paisaje, mientras la indiferencia de las autoridades parece ser la constante en esta triste historia. ¡Un klk que da pena!
La problemática de las aguas residuales sin tratar es una realidad dolorosa que afecta a un viaje de comunidades a lo largo y ancho de nuestra isla. En el caso específico de Nuevo Renacer, la situación se agrava por su ubicación estratégica junto al río San Marcos, un afluente vital que, en lugar de ser un pulmón de vida, se ha convertido en un colector de desechos. Esto no solo enferma a la gente, sino que degrada el ecosistema marino, afectando la pesca artesanal y el potencial turístico de la zona, que podría ser mucho más chula.
Imagínense ustedes el klk de vivir en esas condiciones: niños jugando entre lodo contaminado, enfermedades de la piel, infecciones gastrointestinales, y un sinfín de padecimientos que se vuelven el pan de cada día. La calidad de vida en Nuevo Renacer es casi inexistente, y la esperanza se va diluyendo con cada amanecer. ¿Cómo pedirles a nuestros muchachos que sueñen con un futuro prometedor cuando su presente está rodeado de esta vaina que los ahoga?
Asegún estudios y reportes de organizaciones ambientales, la falta de inversión en infraestructura sanitaria es el principal motor de esta crisis. No se trata solo de Nuevo Renacer; muchas comunidades costeras carecen de sistemas adecuados de alcantarillado y plantas de tratamiento de aguas residuales. Es una responsabilidad del Estado garantizar un ambiente sano para sus ciudadanos, y en este renglón, tenemos un saldo pendiente con nuestra gente que no se puede ignorar.
La solución a este problema no es de una vez, pero requiere un compromiso firme y sostenido. Implica la construcción y rehabilitación de sistemas de saneamiento, programas de educación ambiental y, sobre todo, una voluntad política que priorice la salud y el bienestar de las personas por encima de cualquier otro interés. El tigueraje de la comunidad está cansado de promesas vacías; exigen acciones concretas que les permitan vivir con dignidad y que su entorno no sea un foco de enfermedades, sino un lugar jevi donde criar a sus hijos.
Es hora de que las autoridades se pongan las pilas y miren hacia Nuevo Renacer, no con ojos de lástima, sino con la determinación de resolver esta situación que, aparte de inhumana, es una mancha para la imagen de un Puerto Plata que se vende como destino turístico. Nuestra gente merece un ambiente limpio, y es nuestro deber, como sociedad, levantar la voz por ellos. ¡No podemos seguir con esta chercha de la indiferencia!
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